sábado, 18 de junio de 2016


Queridos lectores, aquí el capi más esperado.... Continuará en el 71 ya que se me hacía muy largo para leer ustedes en el blog.
Un beso grande y muchas gracias por sus comentarios.

Capítulo 70
Hasta la medianoche.

Adrien.

Charles y yo nos materializamos en la ciudad de Drobak. Era muy temprano y un amanecer nublado nos dio la bienvenida mimetizándose con esta angustia que sentía de quedarme si ese abrazo tan deseado de mi hijo. Entendía que debía cumplir su deseo pero de ahí a que lo tomara con alegría distaba mucho.

Me centré poco a poco en la dicha y tranquilidad por su amada. Yo también conocía lo que era el amor. No podía culparlo. Finalmente, ¿no era la vieja regla del mundo? Los hijos tarde o temprano eligen la felicidad con una pareja y vuelan partiendo del nido por naturaleza. Lenya no partía del nido, porque no había habido nido ni un hogar el cual lo hubiera visto crecer hasta la adultez, pero aún así era más de lo mismo. Su hembra amada tenía conquistado su corazón… Y después de todo si él sería feliz, yo lo sería.

Aguardé escondido hasta después del mediodía, que Charles consiguió ropa… Juro que nunca se me hubiera ocurrido tamaño disfraz para mí, yo… Un vampiro puro y milenario. Pero había que reconocer que para entrar a un hospital era muy apropiado.

Antes de entrar al hospital de Drobak me detuve en la vereda y miré mi atuendo.

-Sinceramente Charles, debo felicitarte por la idea. ¿Cómo sabías donde encontrar los disfraces?

Mi amigo me miró sonriente con aire de suficiencia.

-Querido, me extraña. ¿Te has olvidado lo hábil y creativo que soy?

Sonreí.

-No, no lo he olvidado. Pero de creativo a conseguir lo que llevamos puesto.
-¿No te agrada? Te ves bien.
-Tú también. Es más, eres creíble, yo no sé si lo lograré. Tengo cabello largo y ojos casi plateados.
-Yo tengo lentecillas de contacto de lo contrario mis ojos borgoña harían correr a las enfermeras lejos de mí.
-Cierto.
-El hombre que vendía disfraces en la plaza preguntó por curiosidad para que queríamos la ropa si no era 31 de octubre. ¿Me escuchas?
-Perdón –dije pensativo-, trato de entender a mi hijo y su deseo. Yo amé como él Charles… Pero se quedó sin mi abrazo.
-Tiene un gran corazón. ¿Qué te parece si nos apresuramos? El chico está en las últimas según Lenya y Liz.
-Claro… Y yo… Y yo debo regresar a medianoche.
-Tienes todo toda la tarde. Son más de las tres.
-Lo que haré me llevará tiempo además… falta tu deseo.
-Oh siii, mi deseo, por supuesto. ¿Te han regalado cuatro?
-Siete.
-¿Y el resto? Perdón la curiosidad.
-Se los regalé a Halldora y a Bera. Ellas sabrán que hacer.
-¡Estupendo! Sin embargo si no me falla la matemática… Falta uno.

Sonreí.

-Se lo he dado a un par de lobos.

Arqueó la ceja.

-Vaya, qué dadivoso. ¿No hubiera sido mejor a Douglas?
-¿Y Numa?
-Oh, tienes razón.

Cruzamos la calle poco transitada por la día gris y fría.

-Te queda bien la sotana de sacerdote.
-Gracias Charles, a ti también.

De pronto Charles se detuvo al mirar a la izquierda.

-Apresúrate. Tenemos compañía y no querrás dialogar con ellas.
-¿Quienes?
-Esas monjitas nos vieron y vienen hacia aquí.
-¿Monjitas? –pregunté.

No había terminado de preguntar cuando una voz aguda y chillona exclamó…

-¡Oh oh, Padres, Padres!
-Mierda, nos vieron, te lo dije.
-¿Qué haremos? –pregunté.
-Actúa con naturalidad.
-¿Con naturalidad como un vampiro?

Charles rodó los ojos.

-No te hagas el gracioso, con la naturalidad de un padre, de un sacerdote.
-Ah… Pues…
-Lo sé, no tienes idea. Deja que yo hable –ordenó.
-Okay.

Giró hacia las hembras vestidas de negro hasta los pies. Eran tres. Una anciana y dos jóvenes. Sonrió e inclinó la cabeza.

-Hermanas, ¡qué sorpresa verlas por aquí!

La más anciana llevaba un rictus de amargura y seriedad.

-Lo mismo digo padre. ¿Son de la capilla frente al convento? No los conozco.

Las dos jóvenes repararon en mí y una sonrisa tímida se asomó en los labios. Sonrisa que devolví.

-Él es el Padre Adrien y yo Padre Charles, hemos llegado esta mañana.
-¡Oh, qué bien! –sonrió una de ellas.
-¿De dónde, Padre? –preguntó la anciana.
-¿De dónde qué? –preguntó Charles.
-¿De dónde vienen? ¿No dijo que llegaron esta mañana?
-Aaaah sii, claro. Disculpe hermana.
-Madre Superiora.
-Ah okay, Madre Superiora. Bueno… hemos llegado de… De Ucrania.
-¡Ucrania! –se asombró la joven de ojos azules-. Yo soy de allí, Padre.
-¿No diga? ¡Qué casualidad!

Sí, la verdad que era una espantosa casualidad, Charles tenía una puta puntería para elegir el lugar.

-No lo he visto esta mañana en la primera misa, Padre Adrien –dijo la vieja bruja.
-¿A mí en la misaaaa? –me eché a reír hasta que Charles me dio un codazo simulado en las costillas.

Sonreí.

-No, perdone mamá Superiora lo que ocurre es que…
-Madre Superiora –interrumpió Charles por lo bajo.
-Sí, eso, Madre Superiora, le decía lo que ocurre es que llegamos tan cansados y…
-Pero para Dios nunca se debe estar cansado, Padre Adrien. Espero verlo como debe ser en la próxima misa.
-Ni muerto –murmuré.
-¿Cómo dice, Padre?
-Que ni muertos faltaremos –respondió Charles.
-Perdonen… -interrumpí ya cansado de esa vieja altanera de turbante raro-. ¿Podrían decirme ustedes tres qué hacen fuera del convento a esta hora? ¿No tienen miedo a los vampiros?

Charles me miró con enojo.

Las tres se persignaron.

-¡Madre María purísima! –dijo una de las jóvenes.
-Sin pecado concebido –murmuró la otra joven.

¡Qué raro hablaban estas dos!

-Padre, me impresiona su falta de conocimiento –dijo la anciana-. ¿No sabe que las monjas nos turnamos para cuidar los enfermos del hospital? Es una obra de bien que llena nuestros corazones de júbilo –dijo la anciana.
-Ohh sii debí suponer que su corazón se llena de júbilo y el mío se llenará con la sangre de ustedes si siguen hablando.

Las tres abrieron grandes los ojos.

Charles tosió nervioso.

-Lo que quiere decir el Padre es una metáfora que usamos en Ucrania para significar que todos somos uno sólo. Como la sangre de ustedes y el corazón de él… Sí… -después murmuró muy bajo-. Abres la boca y te golpearé.

Miré de izquierda a derecha, no… si ni el diablo me mandaba un ayudante para salir de esta reunión de estos tres bichos raros.

-Hermanas, si nos permiten, nos llama el deber. Debemos asistir a un chico que está en sus últimas horas –se apresuró Charles.
-Claro, Padre. Haga lo que tenga que hacer. Nos veremos muy pronto.

Rodee los ojos y hice seña a Charles hacia la entrada del hospital.

Avanzamos hasta que esas mágicas puertas se abrieron antes de tocarlas. Charles me dijo que era un censor. Me hubiera gustado tener más tiempo para que mi amigo me contara esas maravillas que creaban los humanos. Y pensar que nunca le había prestado atención a mi hijo Sebastien cuando llegaba entusiasmado a contarme sus descubrimientos.

Apenas pisé el interior del edificio observé alrededor. Muchos seres transitaban apurados y una hembra tras una mesa hablaba por el aparato que los humanos llamaban teléfono.

-Recuerda que eres sacerdote de la Congregación de Franciscanos de Nuestra Señora de la Trinidad.
-¿Qué? ¡Podrías haber escogido un nombre más fácil!
-No lo he inventado querido amigo. Lo leí en la iglesia frente a la plaza de Drobak donde compré el disfraz.
-Trataré de recordarlo…
-Tú no te preocupes hablaré por ti.
-Oye, Charles, ¿las monjas no practican el sexo?
-No querido, ¿no has visto sus caras? Y me impresionas, no has dicho “follar”.
-He mejorado mi vocabulario desde la última vez que nos vimos –sonreí.
-¿En el paraíso no permiten mal hablados?
-Por supuesto que no. ¿Qué habitación dijo mi hijo, Charles?
-No lo dijo. Yo lo sé. Terapia intensiva. Pero tendré que preguntar ya lo he olvidado exactamente. Vamos, por aquí.

Señaló la mesa donde estaba esa rubia atendiendo al público. Charles esquivó a tres personas que estaban haciendo una fila y preguntó.

-Disculpe, ¿terapia intensiva?

La humana lo miró masticando en la boca no sé qué alimento.

-Depende, segundo y tercer piso. Hay dos.
-Ah… ¿Puedo decirle el nombre del paciente?
-Aguarde la fila por favor, Padre –contestó masticando al mismo tiempo.
-Claro, perdón.

Yo lo esperaba un poco alejado. Él se acercó refunfuñando.

-¿Esta chica tiene problemas para tragar? –pregunté-. ¿Cuánto hace que mastica ese alimento?
-Se llama goma de mascar, querido. Además, ya no hay consideración por el hábito, qué gente mal educada. Bien… -miró hacia el pasillo de la derecha-. Subiremos por el ascensor. Primero iremos a un piso luego al otro.
-No, no. Aguarda… No vas a hacerme entrar en ese cuadrado que veo que sube y baja.
-Por favor Adrien, dijiste que no tenías el tiempo del mundo y por otro lado el chico morirá en cualquier momento. ¿Quieres fallarle a tu hijo?
-No… Vamos.

Salimos de ese cuadrado horrible y caminamos por el pasillo. La idea de parecer vivo no me agradaba. Estaba muerto realmente, y sin embargo sentía el malestar que podía sentir cualquier humano. Bueno… Cualquier humano que le mareara el ascensor.

-¿Quién inventó esta porquería de sube y baja? –comenté.
-Si somos estrictos con la historia, querido, el primero fue Arquímedes 236 a C. Ahora si vamos a los más parecidos que hay hasta ahora te diré que fue Ivan Kulibin, lo instalaron en el Palacio de Invierno en 1793.
-¿Por qué lees tanto?
-Porque no tengo nada que hacer.
-Sebastien decía que estabas en todos los asuntos de la mansión.
-¿Dijo que era un chusma?
-No no –reí-. Sebastien jamás diría algo similar de ti.
-Más le vale.

Sonreímos.

Al bajar en ese piso comenzamos a caminar a lo largo del pasillo. Dos humanas vestidas de blanco, es decir, enfermeras, nos miraron con curiosidad.

-¿Qué necesita Padre? –preguntó una de ellas a Charles que llevaba la delantera.
-Buscamos a Drank… Aguarde tengo anotado el apellido por aquí.

Charles buscó en el bolsillo de la sotana.

-Le informo que no hay ningún Drank aquí. Debe ser el otro piso.
-Oh, ¿segura enfermera?
-Sí, segura.
-Entonces nos dirigiremos allí.
-¿Tienen autorización? Terapia intensiva es un área restringida –replicó la otra acercándose a mí.

La miré y sonreí sin saber que decir. ¿Área restringida?

Charles interrumpió.

-Enfermera, la familia del chico es muy católica y dada la situación… Por favor…

Pero la hembra ni siquiera escuchó la explicación de Charles. Me miró a los ojos contemplando mi sonrisa y bajó la vista con un ligero color rojo en sus mejillas.

-Padre… Es usted muy… atractivo.
-¡Élida! –exclamó la otra acercándose.
-Mil disculpas es la verdad.

La llamada Élida me miró y volví a sonreír.

-Bueno –titubeó-, a decir verdad, ya que está aquí podrían confesarnos.

Charles me arqueó una ceja con el gesto de, “¡ah mira qué bien!”

-Señoritas, sé que no impedirán que haga mi trabajo, ¿verdad? –dije con voz seductora-. En cuanto a confesarlas… No creo que tan bellas humanas como ustedes tengan pecados. Si es así, estoy seguro que cualquier cosa se les perdonaría.

Charles me cogió del brazo y me tiró hacia él.

-Mira galán es mejor que nos apresuremos. Ya has conquistado muchas hembras en la vida.

Sonreí a las enfermeras mientras contestaba a mi amigo apretando los dientes.

-Querido no te pongas celoso, he visto desde el otro mundo que no estás comiendo nada mal.
-¿Lo dices por Margaret? Oh siii –de pronto reaccionó-. ¡Vamos amigo! El tiempo apremia. Te queda cumplir mi deseo.
-Es verdad, pero usemos la escalera, te lo suplico.
-Yo puedo guiarlos –dijo la más joven acercándose, coqueteando.

La otra llamada Élida la cogió del brazo y se adelantó.

-Por favor, vengan por aquí les mostraré el ascensor.
-¡Yo puedo mostrárselo! –se quejó la otra.
-Señoritas –dijo Charles-, tengan el bien de apresurarse. El joven está en agonía.

Ambas se sintieron avergonzadas y en silencio señalaron el ascensor.

-Gracias, son muy amables –dije.
-¡Qué Dios las bendiga! –saludó Charles.

Rodee los ojos.

-¡Por la escalera, Charles! –protesté.
-¡Okay,okay! Está junto al ascensor.
………………………………………………………………………………………………..............

En el otro piso no había enfermeras. Por suerte… Sin embargo dos ancianas caminaban en sentido contrario a nosotros. A una de ellas se le iluminó la cara. Oh oh…

-¡Oooh Padres!
-¿Qué mierda hacemos, Charles? No llegaremos junto al chico en la puta vida terrenal.
-¿Con esa boquita confiesas, querido?
-Calla y dime que haremos.
-Yo hablaré, recuerda llamarme “hermano”.
-¿Qué?
-Tú dime “hermano” no Charles, recuerda.

Rodee los ojos y avanzamos hasta el fondo del pasillo.

-¡Padres! ¡Qué apropiado verlos! –dijo una de ellas muy fea, con ojos saltones y boca demasiado grande-. Mi John lo acaban de pasar a sala. ¡Por fin! De cualquier forma, ¿podrían confesarlo? Está en la cama tres de la sala uno, planta baja.

Suspiré agobiado.

-Disculpen señoras… Necesitamos dar la confesión a un chico que está muriendo –alegué.
-Extremaunción –corrigió Charles rápidamente.
-¡Oh qué pena!  ¿Y después podrán pasar por allí? –dijo la anciana teñida de rubio y pintada como una puerta.
-Sí, si…
-Es qué mi John… Entre nosotros… Ha sido tan infiel –suspiró la anciana-. Tanta pecadora de curvas sinuosas, dando vueltas.
-No lo culpo –murmuré.
-Señoras, Dios perdona siempre –alegó Charles.
-No sé si el mal gusto –volví a murmurar.
-Oh… gracias Padre, ¿lo confesará? –dijo la vieja embobada con Charles.
-Disculpe padre, lo veo con esos cabellos tan largos… ¿De qué congregación son? –dijo la otra anciana de cabello blanco apenas me estudió.
-De la Señora de todos ustedes de la Trinidad –contesté sin pausa.

Charles abrió los ojos con terror.

-¿Cómo dice, Padre?

Mi amigo corrigió de inmediato.

-Nuestra Señora de la Trinidad.
-Aaah –sonrió confundida.
-Es que la llamamos así porque ya tenemos confianza –sonreí.
-Hermano… ¿No sería mejor que partamos para hacer lo que hemos venido hacer?
-Sí, sí –contesté.
-Oh… esperen Padres.

Una de ellas sacó un billete de su bolso y lo puso en la mano de Charles.

-Por los difuntos y las almas perdidas.
-Permítame decirles a las dos que las perdidas son ustedes –agregué.

Las dos me miraron asombradas.

Charles rio forzado.

-Jajajajaja, ¡ay el Padre es tan chistoso!
-Que tengan buen día titubeó una de ellas mientras la otra quedaba pensativa.
-Qué gentil por la limosna –sonrió Charles.

Avancé por el pasillo no sin antes hacer una reverencia.

-Señoras, con su permiso.

Ambas sonrieron. Charles murmuró…
-Creo entender a quien sale Scarlet.

Apenas nos alejamos hacia el cartel que indicaba “Terapia intensiva”, Charles extendió el billete.

-¡Veinte coronas! ¡Qué desgraciadas miserables! No salvarán ni a una maldita alma con esto.

Reí.

De pronto me puse serio, frente a mí, la puerta de terapia intensiva… ¿Llegaría para no fallarle a mi hijo?

-Vamos, entremos –dijo Charles.

Al abrir la puerta una enfermera muy bonita nos recibió. Creo que iba a protestar pero se detuvo al ver como lucíamos.

-Oh, Padres…
-Enfermera, estamos aquí por un paciente llamado Drank.

Ella quedó muda. Retorció sus manos, nerviosa, y dijo con voz sentida…

-¿Drank? Mi pobre Drank…

Comenzó a llorar tapándose el rostro con ambas manos.

Charles ni lerdo ni perezoso aprovechó.

-Enfermera no llore. Le pido que nos deje ver al enfermo y usted vaya por un café, le hará muy bien –palmeó su espalda.
-Yo quisiera estar presente –sollozó-. Él se sentirá horrible cuando los vea. ¿Fue idea de George?

Nos miramos…

-Sí, fue idea de George –contestó Charles- ¿Su nombre querida?
-Nina.
-¡Qué bello nombre! ¿Es usted novia del chico? –pregunté interesado.

Charles rodó los ojos y me miró fijo.

-¿Qué? ¡Pregunto por curiosidad! –retruqué.
-Hermanooo, la curiosidad es pecado –Charles apretó los dientes.

Supo que quería saber más sobre Drank y los tipos de relaciones que tenía. Bueno después de todo mi hijo estaba sacrificándose por él. Si el chico tenía novia sería mucho mejor.

-No… es un buen amigo –contestó.
-¿Amigo con derecho a roce? –indagué.
-Padreee –se quejó Charles-. Disculpe señorita al Padre Adrien lo pone nervioso la extremaunción.
-No se preocupe… Creo que tienen razón, me siento débil. Iré por un café pero regresaré enseguida.
-¡Enseguida no! –exclamé.

Charles me miró.

-¿Cuánto tiempo le llevará, hermano? –preguntó mi amigo.
-Seis horas.

La tal Nina y Charles exclamaron.

-¿Taaanto?

Encogí los hombros.

Charles pasó a explicar.

-Ah claro… Es porque el chico quizás no lo escuche bien y el Padre tiene un nuevo método que se usa en Ucrania, pues de allí venimos.

La tal Nina arqueó una ceja.

-¿Qué se supone que le hacen?
-No se preocupe no le dolerá –la tranquilizó Charles-, y se sentirá mejor.
-Bueno, se sentirá mejor pero dolerle, le va a doler –agregué.

Charles me miró para golpearme.

-¿Entonces, es peligroso? –se preocupó.
-Vaya con Dios, sin preocuparse –dijo Charles sonriendo.
-Estaré aquí en unos minutos, de lo contrario llamarán mi atención. Estoy a cargo de “Terapia intensiva”.

Me acerqué…

-Querida… ¿No confías en nosotros? Te avisaremos cualquier cambio en los enfermos.

Ella clavó la mirada en mis ojos y sonrió avergonzada.

-Sí… Es usted… Muy confiable.
-Y un cabrón –susurró Charles.

Finalmente logramos que la tal Nina prendada de mí, fuera por el café. Avanzamos por el angosto pasillo entre los boxes observando los rostros.

-¿Era necesario que preguntaras como chusma, a esa chica?
-Necesitaba saber si ese chico tiene novia o está interesado en alguien que no sea mi nuera.
-¿Cambiaría algo las cosas? ¿No cumplirías el deseo de tu hijo?
-Vamos, espero que el sacrificio de Lenya valga la pena. Ahora… ¿cómo sabremos que es él?
-Lo conozco.
-¿Y qué has venido hacer tú aquí?
-Bueno… Liz estaba preocupada y como no podía viajar por estar cerca de Lenya.
-Hubiera sido ridículo que abandonara a mi hijo por ese chico.
-Es un gran amigo.

Detuve mis pasos e intenté cogerlo del brazo. Pero fue como rozar la nada. Él se detuvo y reparó en mi mano…

Entendí que tuviera contacto sin ser parte de un deseo era imposible.

-Te abrazaré si lo pides como deseo –murmuré apenado.
-Entiendo. Ven, busquemos al chico. Es pelirrojo.
-Mira que detallista mi futura nuera.
-Adrien, te he dicho pelirrojo no que tiene ciento cincuenta lunares. Además… fue su novio.
-¡Con razón! No me gusta nada esto de salvar al ex de la chica que ama mi hijo.
-Es un buen chico.
-¿Cómo lo sabes?
-Sabes que nada escapa de mi intuición, y tengo información veraz.
-Si tú lo dices.

Al llegar a la quinta cama me detuve.

-Aquí está, Charles. Es pelirrojo aunque no me parece tan joven. ¡Qué enfermedad cruel la de los humanos!
-Sí…¿Quieres que me vaya?
-En absoluto, necesitaré tu ayuda.
-¿Para qué? –preguntó aterrado.
-Anda, despiértalo.
-¿Qué?
-Que lo despiertes, él debe colaborar.
-Pobre, ¿no digas que sufrirá?
-Charles, te has tomado en serio el papel de Padre o sacerdote o como se diga. ¿Eres un vampiro o qué? ¡Voy a salvarlo qué más quiere!

El tal Drank se movió y abrió los ojos.

Nos acercamos…

Pasó la lengua por los labios secos y gimió.

-¿Me… confesarán? –habló con dificultad.

Charles se acercó más e inclinó su cabeza. Su mano acarició los cabellos del chico.

-Querido, seguro no tienes casi pecados que confesar, quédate tranquilo.
-¿Qué sabemos si este chico es un pecador?

Charles me miró con reproche.

-Okay...

Me acerqué y mi amigo se apartó cerca del pasillo.

Drank me observó con los ojos entreabiertos.

-¿Usted? ¿Usted es un sacerdote?

Lo miré y me aproximé hasta rozar la cabecera. Él apenas me siguió con la mirada febril.

Apoyé los puños en la cama y lo miré fijo.

-Dime, ¿si estuvieras sano y fuerte, lucharías por Liz?

Drank abrió los ojos grandes. No entendería nada.

-Contesta, por favor.
-¿Liz? Sí, lucharía.

Me erguí y puse las manos a las caderas sin dejar de mirarlo.

-Adrien…

Charles me miró a la distancia frunciendo el ceño.

-Sólo quiero asegurarme que mi hijo no se equivoca –contesté.

Apoyé nuevamente los puños en la cama.

-Dime Drank, cambiaré la pregunta. Si supieras que Lenya te salvó la vida, ¿lucharías de todos modos por Liz para arrebatársela?

Unió las cejas con gesto desagradable.

-No sería… lo correcto. Pero… -respiró con dificultad-, no sé porque… dice esas cosas. ¿Quién es usted?

Me erguí.

-Te diré el porqué. No soy un sacerdote, ni mi amigo tampoco. Soy Adrien Craig, líder de los vampiros, padre de Lenya. Estoy aquí por un pedido de él para que te sane de tu enfermedad. Tenía un deseo que podía pedirme, el que quisiera, Drank… y eligió que te sanara. ¿Entiendes Drank?

Él asintió en silencio mientras sus ojos brillaban.

-Mi hijo… Mi hijo se quedó sin mi abrazo por pedir que sanaras. Drank… ¿Puedo creer en ti? ¿Puedo irme tranquilo que jamás harás algo para perjudicarlo?

Él volvió a asentir.

-Muy bien… Charles cuida la puerta, que nadie entre hasta que yo haya terminado.
……………………………………………………………………………………………….................

Mis ojos recorrieron a la par de mi delgada y helada mano el brazo del chico. Me detuve en su cuello para después deslizarla por el abdomen hasta el hueso de la cadera.

-Aquí está el foco… por aquí empezaré Drank… No te muevas… Sólo mira mis ojos y jamás apartes la vista de ellos, aunque el dolor sea insoportable. ¿Lo entiendes?

Él asintió levemente.

Presioné mi mano y dejé en blanco la mente… hasta que las células del cuerpo de Drank surgían en el cerebro. Una a una… unas buenas otras malignas… En mi cabeza fueron agrupándose… Finalmente logré separar las tumorales y con el poder de mi mente las hice estallar como si fueran pequeñas bombas que detonaban… Todo el proceso llevó más de una hora.

Él apretó los labios y se arqueó de dolor pero sus ojos no separaron de mi iris plateado y brillante.
Cuando pudo hablar balbuceó…

-¿Eso es todo?
-No Drank. Debemos seguir buscando. Algo me dice que no es el único grupo de células indeseables que tienes.
-Por favor… -murmuró.
-¿Quieres sanarte?
-Sí…
-Entonces ten valor. Prometo que cuando termine serás un hombre nuevo.

La enfermera interrumpió varias veces. Charles tuvo que hacerla pasar. Me desconcentré un par de veces. Finalmente escuché una discusión, sonido seco, y el ruido de un cuerpo caer al suelo.

Charles horrorizado avanzó hacia la cama de Drank.

-¡Demonios! Nunca levanté la mano a una hembra, ¡y mira! La he desmayado.
-No nos dejó salida, despreocúpate. Ahora ven aquí, sostén al chico.

Drank estaba convulsionando y se retorcía bajo mis manos.

-¿Qué debo hacer?
-Tú sostenlo fuerte, no debe moverse.
-¡Mierda, Adrien!
-¡Charles! Si lo hago mal no me lo perdonaré.
-Vale, vale…

La noche de tormenta nos ayudó con los quejidos de Drank. Por otra parte, temí que no resistiera. Fue mucho tiempo que tuve que trabajar sobre él. Por fin… al registrar el cuerpo del chico supe que nada quedaba de aquella enfermedad. Había triunfado, no… miento. Había triunfado el amor de mi hijo por su hembra.

Escuchamos la puerta abrir y cerrarse. Charles me miró.

Observé a Drank. Respiraba con dificultad y sus gemidos lastimeros daban pena hasta al más duro corazón.

-¡Nina! ¿Qué te ocurrió?

La nueva voz venía de la entrada…

Charles actuó rápidamente.

Avanzó hacia el extraño después que me dijo que lo siguiera.

-Oh, enfermero. ¿Qué ocurrió? –preguntó.
-No lo sé, la encontré en el suelo. Ayúdeme por favor.
-¡Qué barbaridad! –fingió Charles-. Con el Padre Adrien estábamos visitando un chico. Una extremaunción. No escuchamos nada.
-Pobrecita Nina, por favor… ¿Podría ayudarme a acostarla. Llamaré a un doctor.
-No se preocupe, yo lo llamaré.

Nos retiramos con Charles después que mi amigo alzó a la chica sobre una cama vacía.
Cuando Charles cerró la puerta de terapia.

Una enfermera caminaba por el pasillo.

-Enfermera, sería tan amable de enviar un doctor a “Terapia Intensiva” –dijo amablemente Charles.
-Por supuesto, Padre –contestó.

Hablé en voz baja mientras nos alejábamos.

-Charles, he tardado demasiado con el chico, sólo me quedan dos horas para medianoche y cumplir tu deseo.

Caminamos por el pasillo en silencio…

-Gracias por tu ayuda, amigo. Hubiera sido difícil yo solo cumplirle el deseo a Lenya. ¿Quieres decirme tu deseo? ¿O prefieres que lo adivine? –interrogué.
-Cuéntame, ¿qué crees que pediré?

Arquee una ceja y sonreí.

-Dime, deseas que vayamos a las cumbres como los viejos tiempos y hablemos de anécdotas vividas.

Se detuvo y me miró.

-Ey, ¡qué buena idea! Pero no, le erraste.
-¿No digas? ¿Y qué deseas entonces?

Bajó la vista para después mirarme con emoción.

-Mi deseo es que cumplas tu deseo.

Titubee.

-Tú…
-Sí, querido amigo. Eso que has deseado desde hace decenas de años y que no te animaste hacer. Ahora quiero que lo hagas. No perdamos tiempo…

Emocionado pregunté…

-¿Cómo llegaremos?

Sonrió.

-Nos materializaremos. Lo importante es que ambos conocemos la sala de la mansión Craig. Una vez allí… debes subir la escalera. Caminarás por el pasillo hasta la segunda puerta. Esa es su habitación, porque seguramente, estará encerrado en ella.
-Gracias, amigo mío.

Lenya.


Rodion entró sigiloso a mi habitación. Yo estaba de pie recostado a la ventana. Miraba el exterior donde una noche fría y repleta de estrellas me sabía como una de las más tristes de mi vida. Ya no abrazaría a mi padre nunca más…

Sin embargo al margen de esta tristeza tan honda, no me arrepentía. Ella, mi Liz, volvería a sonreír porque su amigo no moriría. Contemplarla llorar para mí había sido la peor tragedia. ¿Si sentía celos? Sí, quizás un poco. Pero no los suficientes para que mi egoísmo se regocijara con la desaparición de Drank. Imposible ser feliz mientras Liz no lo fuera. Conocía en que el trascurso de los años, la muerte de mi rival podrían alivianar el dolor, sin embargo desaparecerlo, nunca.

¿De qué me valía algún día convertirla en mi hembra para siempre? Quería verla a mi lado, estar seguro de su amor incondicional, pero no a cualquier precio.

Liz… Si imaginaras lo que haría por ti tal vez te asustaría. Mejor guardar en mi corazón ese secreto de lo que era capaz bajo siete llaves.

Imaginé por un momento que mi padre diría, “hijo… eso no podré hacerlo”. Entonces yo podría pedirle ese abrazo sin ningún cargo de conciencia. Pero no… Estaba seguro que mi padre cumpliría la palabra, tan seguro como el hecho de no verlo nunca más. Lo peor de todo que ni siquiera había podido decirle en la cara, “te quiero”, perdóname por desconfiar de tu amor”. Es que fue tan grande mi dolor de lo que acababa de rechazar. Una oportunidad que la vida me regalaba, y yo así como lo recibía, sin desenvolver el regalo, se lo obsequiaba a Liz.

Vi en su rostro la decepción, creo que fue lo que más dolió en ese instante.

“No fue por no desearlo, papá… Ojalá me hayas podido comprender”.

-Lenya -Rodion me llamó casi en un susurro-. Tus hermanos quieren saber cómo estás.
-Diles que me recuperaré.
-Yo también quiero saberlo… A mí dime la verdad.
-Quiero morirme –susurré-. Igual, volvería a pedirle lo mismo.
-Piensa que Liz será feliz, a tu lado, pero sabiendo que su amigo está bien y no sufre.
-Lo sé. Sólo necesito tiempo. Ahora… Déjame solo, por favor. Necesito llorar sin que me vean. Ni siquiera tú.

Se retiró en silencio y al cerrar la puerta no aguanté más. Apreté mis ojos con fuerza y las lágrimas surgieron para después deslizarse en mis mejillas.

-Por favor, no llores, hijo mío.

Giré mi cabeza sorprendido por esa voz grave y profunda, inconfundible.

-Papá… ¿Qué…? ¿Qué haces aquí?

De pie cerca de la puerta, sonrió.

-Vine por tu abrazo, Lenya.
-Pero… Yo creí…
-No, no es tu deseo el que me mantiene aquí. Es el mío. Gracias a Charles que me lo cedió. Yo deseo fundirte entre mis brazos para llevarme ese recuerdo cuando parta para siempre.

Caminó lentamente hacia mí y juro… me temblaron las piernas.

-Papá… -murmuré.

Él se acercó y yo me abalancé aferrándolo con todas mis fuerzas.

-Papá… Papá… Te tengo aquí… Papá… -lloré.

Él acarició mi cabeza y me aprisionó como un tesoro.

-Lenya… ¡Cuánto te eché en falta! Querido mío…
-Papá… ¡Ay! ¿Por qué? ¿Por qué?
-Ssssh… tranquilo… Ahora estoy aquí… No pienses en todo lo que no vivimos.

Lloré…

Él me apartó con sus manos grandes y poderosas y acunó mi rostro.

-¡Eres tan bello como tu madre!
-Papá… -sollocé.
-Ven, sentémonos, tengo menos de dos horas pero juro que las aprovecharemos hasta el último segundo.
-Papá…

Sentí varias sensaciones…

El corazón que se detenía por instantes al verlo de pie en mi habitación. Después la dicha que lo hacía estallar de felicidad. Poco a poco las ganas de llorar y gritar de impotencia, de rabia, de dolor por tantos abrazos perdidos… Por último, sentir mi alma consolada en los únicos brazos que podían calmarme.


Nota: Esta escena continuará.... espero hayan disfrutado.
















8 comentarios:

  1. Como me reí con Adrien cuando estaba con esas monjas jajaja y también con las ancianas, uuff no cerraba el pico jajaja y con el ascensor por dios que tal...Charles no sabia que hacer!...ahora al parecer curaron a Drank que bueno porque no podía creer que él fuera a morir...ese abrazo de Lenya con Adrien ahh de lo mas lindo y a la vez triste porque ellos lo querían y se extrañaban, me encanto el capitulo Lou mil gracias y que pases un buen fin de semana!!!

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    1. ¡Querida Laura! Me alegro hayas disfrutado. Adrien nos ha regalado una escena muy graciosa, lo extrañaremos.
      El abrazo de Lenya sin palabras, y la cura de Drank, fue una suerte. Queda mucho por contar sobre los Craig y también sobre sus amigos. Pero para eso debemos esperar el cuarto libro. Espero no defraudarte. Quedan un par de capis y finaliza Mirada borgoña. Gracias por acompañarme.

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  2. Uy que lindo que es Charles dejar que Lenya y Adrien se despidan. Me encanto como salvaste a Drank . Genial Capítulo ten un buen fin de semana

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    1. ¡Hola Citu! Charles es encantador. Drank debía vivir porque no te imaginas todo lo que falta contar así que tendremos Drank para mucho. Un besazo reina y gracias. Pasaré esta semana por tu blog a leerte. Besitos.

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  3. Hola, Lou... Este capítulo ha sido un respiro después del anterior
    Me he divertido mucho con Adrien y con Charles... y sus geniales disfraces ;-)
    Te diré que yo siempre pensé que a Drank lo salvarían convirtiéndolo en vampiro... y me ha agradado mucho como lo ha salvado Adrien, gracias a la generosidad de Lenya
    Me encanta que una novela me sorprenda... y esta forma de salvar a Drank no la esperaba
    Ya leí el adelanto del capitulo en Facebook... y me reí mucho con las monjas ;-)
    Cuando a la Madre Superiora, la llama Mamá Superiora... jajaja
    Charles es buenísima persona, te aseguro que imaginé cuál sería su deseo
    La escena entre Adrien y Lenya está siendo preciosa
    Y, como lectora de Los Craig, te agradezco que hayas salvado a Drank... merecía vivir, era injusto que muriera
    Liz, George, los médicos, enfermeras... nadie lo va a poder creer
    Felicidades por este maravilloso capítulo
    Besos

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    1. ¡Hola Mela! Sabes que imaginé que los lectores pensarían eso y es que era lo más natural siendo Lenya vampiro y rondandolo. Pero imaginé que a Drank no le gustaría debido a sus creencias, digo yo. Pues encontré otra solución. Me alegro haberte sorprendido y que te haya gustado.
      Adrien y Charles son dinamita juntos. Adrien se extrañará no lo dudo.
      Veremos como reaccionan el resto con la noticia. Te mando un beso gigante, gracias por tus comentarios querida escritora. Un besote.

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  4. ¡Me alegro te haya gustado querido Lobo!

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