lunes, 13 de junio de 2016

Buenooo por fin capi 69, aunque no es el último capi.

Para ustedes en el día de mi cumple, el regalo...



Capítulo 69.
Los siete deseos.

Sebastien.

Al pisar las cumbres con mi hermano después de recorrer a toda velocidad parte de la costa y ascender como leones furiosos de ojos encendidos, llegamos a las puertas de las cavernas.

No nos habíamos materializado porque las energías íbamos a necesitarlas frente al enemigo, que si no estaba escondido no tardaría en llegar.

Observé alrededor como el cielo estrellado parecía encapotarse como si una tormenta amenazara. El aire se sentía pesado, húmedo, y el frío calaba los huesos aunque fuera un vampiro.

Mi hermano, de pie, encima de una de las rocas salientes, recorrió con la mirada por si había algún movimiento. Nadie… Ni siquiera Scarlet.

Scarlet… ¿Y si había huido con Agravar? ¿Cómo encontrar a nuestro enemigo? Vivir con la sola idea de saber que estaría esperando su venganza en algún rincón del mundo era agobiante. Es que regresar a casa sin su muerte a nuestra espalda sería como una derrota. Sólo sabiéndolo sin vida podríamos comenzar de nuevo. De lo contrario Lenya no tendría paz y por consiguiente yo tampoco.

Ambos nos miramos silencio mediante… Él se acercó al precipicio y observó hacia el abismo donde las olas rompían furiosas contra las rocas. Tampoco se hallaba escondido por allí.

Mi vista se dirigió a la entrada de la caverna e hice una seña que me internaría en ella. Lenya inmediatamente se preparó para bajar de las aristas puntiagudas para acompañarme… pero una voz grave con dejo burlón nos paralizó…

-Vaya, vaya, vaya… Si son los hermanitos Craig. ¡Qué sorpresa! ¿Han venido a visitarme? Si buscan a Scarlet fue a cazar.

Mis ojos se clavaron en una figura muy alta y corpulenta vestido de jeans y camisa negra. Iba descalzo y con un abrigo oscuro. Según recordaba había cambiado mucho desde aquella vez, lo tenía frágilmente en la memoria al nacer Scarlet. Se había civilizado. Su cabello no era largo y blanco como en el pasado. Se lo había cortado y teñido. Quizás habría querido mejorar el aspecto para Scarlet o para mezclarse entre humanos.

Él continuó acercándose a mí al mismo tiempo que no separaba la vista de mi hermano que agazapado esperaba saltar sobre él.

-Ten cuidado con lo que vayas a hacer Lenya, no tienes idea de mi poder.

Hice un movimiento repentino y su iris violeta fuego se clavó en mí.

-No, no… Piensa Sebastien. Un arrebato tuyo y acabarían muy mal. Ah claro… Es que ni tú ni él tienen idea de cuánto ha crecido mi poder, ¿verdad? Sería poco gentil de mi parte no advertírselos.

Dicho esto sus ojos se elevaron al cielo al igual que sus brazos. Un rayo potente cruzó el cielo y el sonido del trueno casi parte nuestros tímpanos.

Mierda…

Mi hermano y yo cruzamos miradas. Sin embargo ninguno sintió temor. Estábamos en el baile, había que bailar.

Con una seña casi imperceptible indiqué a mi hermano que yo sería el que comenzaría la lucha, segundos después corrí hacia él. Dos contra uno a la vez era de cobardes por más que se tratara de Goliat contra David.

Agravar giró hacia mí y su sonrisa fue lo último que vi. En instantes desapareció en el aire y me quedé frente a la nada. Otra de los obstáculos que teníamos. Se desmaterializaba muy rápido y casi sin concentrarse. ¿Cómo haríamos para capturarlo y darle muerte?

Nuestros pechos agitados dejaban escapar la respiración alterada por el deseo de triturarlo en nuestras manos. Pero no lo veíamos…

-¡Déjate ver, cobarde! –gritó Lenya.

Una risa escalofriante se escuchó entre las rocas. Pero el eco no permitía discernir el lugar exacto de la voz. Debíamos aguardar con ojos atentos y todos los sentidos alertas para que no nos sorprendiera y asesinara. Sin embargo el maldito tenía otros planes. Divertirse a nuestra cuesta.

Nuevamente se dejó escuchar…

-¿Cobarde yo?

Al fin lo vimos por encima de nosotros de pie sobre una roca plana.

Se notaba que el viento aumentaba como las nubes de tormenta que iban cerrándose sobre nuestras cabezas. Su abrigo se sacudía al compás de la ventisca y él como si nada.

-Yo no soy cobarde, Lenya Craig, ¡oh! No sé si llamarte Craig porque tengo entendido que tu padre no te quiso. Naciste bastardo. Adrien sí que fue un cobarde. Nunca te reconoció porque no le importabas, ¡y después hablaban de mí! –rio.

Creo que ninguno de los dos nos pusimos de acuerdo ni congeniamos que hacer pero ante las palabras provocadoras de Agravar ambos corrimos y trepamos hasta el lugar donde se encontraba…

Por supuesto se desvaneció en el aire nuevamente.

Al llegar a la cima maldije.

-Es un hijo de puta -murmuró mi hermano-. Así estaremos toda la noche o quién sabe si días.
-Cierto –susurré-. Nos tendrá dando vueltas hasta agotarnos.

Un rayo cayó a nuestro lado sacando chispas de las aristas de las rocas y tirándonos lejos al mismo tiempo.

Permanecer en el mismo lugar era un error que no debíamos repetir por más que fuera por segundos. Él aprovecharía esa oportunidad para liquidarnos saliendo de la nada o usando la grandiosidad de la naturaleza como lo estaba haciendo.

Me levanté con el dolor agudo en mi espalda y caderas. Por lo menos no había golpeado la cabeza y aún podía caminar. ¿Y mi hermano? ¿Dónde había quedado mi hermano?

Me desesperé, comencé a caminar arrastrando una de las piernas y a buscarlo con la vista…

De pronto su cabellera renegrida salió entre unas rocas. Tenía el rostro magullado y cogía su brazo izquierdo como si estuviera quebrado.

Agravar en segundos lo acorraló contra unas piedras gigantescas y su mano se cerró en la garganta. Los dos se miraron a los ojos con odio. Corrí hacia ellos pero un rayo cayó a centímetros de mis piernas y chicoteó en el aire lanzándome lejos. Aunque esta vez estaba preparado. Con agilidad me acomodé en el aire y caí de pie mientras observaba a Lenya deshacerse de su puño asfixiante con un rodillazo en los genitales.

-¡Maldito engendro! –gritó Lenya-. Te mataré aunque me lleve la vida en ello.

Otra vez la risa… ¿Dónde estaba?

Lenya y yo nos miramos. Ambos cuidando las espaldas de cada uno, enfrentados a la distancia, por si él nos sorprendía desde atrás.

-Me pregunto, ¿cómo les gustaría morir?

La voz sonó a mi derecha. Su imagen surgió como fantasma y su cara que hasta ahora había mostrado diversión, cambió. Su gesto serio, molesto, no me preocupó. Por lo menos terminaría pronto este enfrentamiento aunque fuera para bien o mal.

Viendo que estaba decidido a poner en práctica su fuerza contra nosotros me giré hacia él y corrí abalanzándome contra su cuerpo al mismo tiempo que Lenya. Creo que intentó desaparecer pero por milésimas de segundos logré cogerle de la solapa para evitarlo. Sabía que ningún vampiro se materializaría en otro lugar si estaba sujeto por algo o alguien. Estaba atrapado por fin…

Al caer los dos al suelo rocoso me monté sobre él apretando su cuello y sentí a Lenya a mi lado. Mi hermano alcanzó a coger una de sus manos que se agitaba en el aire tratando de quitarme de encima. Tenía una fuerza descomunal y si hubiera estado solo daba fe que me hubiera quitado de encima como si fuera un papel. Sentí el “crack” de huesos y su aullido de dolor cimbró al igual que los truenos en el cielo. Mi hermano había arrancado un brazo de su cuerpo y lo lanzaba al precipicio.

-Te despedazaré como has hecho con mi madre –exclamó mientras sus ojos se llenaban de ira.

Apreté más su cuello para asfixiarlo aunque sabía que Lenya deseaba asesinarlo y vengar a su madre. Era su derecho, pero esta vez no iba a darle el gusto. Dejarle esa chance era jugar a la ruleta rusa. La tráquea cedió y sus ojos se desorbitaron, sin embargo era tan poderoso que parecía resurgir de las cenizas y su furia alimentaba una potencia descomunal.

Fui lanzado por el aire y caí en un montículo de nieve que amortiguó el golpe. Por la velocidad que había volado me hubiera quebrado en mil pedazos. Otra vez el dolor en las caderas y en la pierna golpeada. Aun así me arrastré por la nieve y apoyándome en unas rocas me puse de pie.

Mi hermano y él estaban trenzados en una bola de masa y sangre. Desee que esa sangre fuera sólo la de él y de su brazo arrancado.

Me apresuré a llegar hasta ellos arrastrando la pierna pero ambos rodaban una y otra vez para varios sentidos. Hasta que tuve la oportunidad de llegar hasta ellos mientras luchaban.

-¡Malditos Craig! –aulló de dolor mientras Lenya arrancaba cada dedo de la única mano que le quedaba.

Él miró el cielo por unos segundos y otro rayo cayó muy cerca de nosotros. El temblor y las chispa de fuego nos descolocaron y él aprovechó a darle un cabezazo a mi hermano tan fuerte que sentí el ruido del cráneo al partirse.

Lenya voló unos seis o siete metros cayendo inconsciente o muerto, no lo sabía.

-¡Nooooo! –grité.

Agravar se subió arriba mío e intentó asfixiarme tapando mi boca y nariz con el antebrazo que le quedaba. Era fuerte, como mil hombres. Mis manos intentaron apartarlo pero era difícil. Mis ojos recorrieron desesperados algo que me ayudara para defenderme y quitármelo de encima. Yo estaba bajo su cuerpo con la cabeza levantada intentando zafar de la sofocación y de pronto la vi… Parte de una roca hecha añicos por el rayo había quedado en pedazos con aristas filosas y salientes.

Estiré una de mis manos con la intención de clavársela en un órgano vital pero él supo mi intensión y se estiró como serpiente mientras yo aspiraba el aire con una gran bocanada.

Cogió con los dientes uno de los extremos y con un movimiento que ni siquiera pude seguir se hundió en mi cuello profundamente.

Lo único que sentí fue un dolor agudo y el frío de un líquido corriéndome por el cuello. Había cortado una arteria…

Mi mano intentó quitarle la primitiva arma de la boca a medida que él apretaba con los dientes y sus ojos parecían reír con el triunfo.

Los dos hacíamos fuerza y nadie cedía pero poco a poco mi mente recordó a mi hermano tirado… ¿Y si estaba muerto? ¿Yo sobreviviría con esa pena? ¿Yo, libre y triunfante dejaría las cumbres con la escoria muerta después de cavar la tumba para mi pobre hermano?

Comencé a temblar. Seguía perdiendo sangre y mi vista comenzaba a nublarse…

Él escupió el arma improvisada y sonrió.

-¿Estás dándote por vencido, Sebastien Craig? –rio en medio del dolor que le producía el muñón del hombro y la pérdida de los dedos en la otra mano.

Estábamos bañados en sangre… Era mi fin… No tenía fuerzas para quitarlo de encima de mí y él no se apartaría hasta contemplar mi último respiro.

Sin embargo un sonido ronco llamó la atención… Después el movimiento de unas piedras al deslizarse… ¿Lenya estaba poniéndose de pie? ¿Mi hermano estaba vivo?

La fuerza me salió del fondo de mi corazón. Miré a los ojos violetas de mi enemigo para después girar la cabeza y ver a un costado la arista de la piedra ensangrentada como cuchilla filosa…

Hice el último esfuerzo y estiré la mano hasta que la tuve en mi poder. Fueron segundos que me miró a los ojos y yo a él. Yo no pude decirle, ¡muere maldito! Porque mi voz no salía a causar de la profunda herida en la garganta, sino lo hubiera dicho. ¡Muere maldito! Por Halldora, por Lucila, por el daño a Scarlet…

Mi última fuerza la emplee para hundir en sus tripas la piedra filosa. Agravar dio un grito de horror y cayó de espaldas. Aun así se sentó como pudo y me miró fijo…

Su rostro golpeado y furioso dio paso a una sonrisa de maldad y triunfo… Escuché unos pasos apresurados entre las piedras. ¿No era mi hermano?

Me incorporé a duras penas…

-¡Scarlet! Querida hija. Llegas justo a salvar a tu padre. ¡Mira lo que me han hecho estos malditos que defendías tanto! ¿Ahora lo ves? ¿Ahora me crees?

Scarlet se acercó con sus jeans de mezclilla y su cazadora de cuero. Su cabello al viento le daba un aspecto salvaje y sus ojos violetas, aterrador. Contempló con horror el cuadro. Primero Lenya que se arrastraba por el suelo en cuatro patas, muy lento. Tanteaba con las manos la nieve de alrededor. No veía… Mi hermano no veía por el golpe. Después me miró a mí… La miré a los ojos y la emoción me embargó… Dejé escapar unas lágrimas mientras intentaba detener la hemorragia presionando con las manos, aunque era inútil… Cada vez más me sentía débil e indefenso.

Creo que no era necesario decirle alguna palabra. Nuestras miradas se cruzaron y hablé sin voz…
“Scarlet, hagas lo que hagas siempre serás mi hermana”.

No sé si ella supo lo que pasaba por mi cabeza. Lo cierto que me miró por un breve tiempo y caminó hacia Agravar.

-Hija mía, mira qué horror –lloró-. Pero no te preocupes, cariño. Sobreviviré. Sólo ayúdame y quítame lo que tengo enterrado. Me regeneraré. No te preocupes.

Scarlet se inclinó frente a él y observó la herida que sangraba, su hombro arrancado, sus dedos faltantes.

-Vamos Scarlet. Apresúrate. Nadie podrá contra nuestra unión. Soy tu padre.

Vi que su mano delgada encerraba la parte saliente de la piedra filosa para quitarla…

Cerré los ojos… Todo estaba perdido. Sin embargo su voz segura nos sorprendió a mí, y a él.

-¡Tú no eres mi padre! –estalló en llanto mientras aferraba la piedra convertida en arma-. ¡Mi padre fue Adrien Craig!

El ruido al rasgarse el corazón supe que nunca lo olvidaría…

Agravar en segundos, quedó muerto.

Scarlet le había dado fin a su maldita existencia.

Quise abrir la boca y gritarle, ¡hermana! Si alguna vez me porté como un celoso cretino te pido perdón… Pero no, no podía hablar… Sólo la miré y ella me miró mientras lloraba.

Me acomodé sentándome en la nieve a pesar que la sangre continuaba bañándome las manos. Es que quería abrazarla, decirle gracias aunque yo muriera después…

Ella miró a Lenya y ordenó.

-Quédate quieto, iré por ti en cuanto cure a Sebastien.

Lenya se detuvo. Su iris gris plata parecía perdido en algún punto.

Scarlet se acercó a mí y dos de sus dedos se introdujeron en mi herida.

Hubiera gritado si tenía voz… ¡Qué dolor insoportable!

Mientras buscaba la arteria no me miró. Yo sí a ella. Necesitaba que me mirara, que entendiera que para mí siempre había sido mi hermana aunque había estado celoso de mi padre.

Entonces mi mano cogió su mano apretándola fuerte… y lloré…

Scarlet me miró y poco a poco sus ojos que segundos antes habían sido fríos y aterradores, se suavizaron… y sonrió.

-Eres un idiota, infantil.

Sonreí mientras el dolor iba desapareciendo.

-La arteria está reparada, pero debes quedarte quieto. Has perdido mucha sangre.

Asentí con la cabeza. Sin embargo seguía necesitando ese abrazo.

Carraspee pero mi voz no salió. Era pronto para regenerar el daño hecho.

Ella se puso de pie y corrió hacia nuestro hermano. Porque no era “mi hermano”, era “nuestro”.

Estuvo unos largos minutos con él posando su mano en distintas partes de la cabeza. Hasta que se dio por satisfecha.

-Tendrías que comenzar a ver, pero no te desesperes puede tardar unos minutos.

Lenya asintió y sonrió.

-Eres el ser más oportuno que hay sobre esta tierra.

Ella lo miró con ternura y lo abrazó…

Lo abrazó fuerte igual que él a ella.

Cuando se puso de pie se acercó para ver mi herida. La observó detenidamente y sonrió satisfecha.

-Estarás débil hasta que caces pero no morirás.

Me incorporé sentado para cambiar de posición. Me dolía la pierna, la cadera y veía borroso.

-¡No te muevas!

Yo me sentía mejor y la tranquilicé.

-Estoy bien. Ayudaré a Lenya. ¿Por qué no puedo moverme?

Ella me miró y sonrió.

-Porque antes –una lágrima corrió por su mejilla-, me debes un abrazo.

Adrien.

Poder seguir el cruento enfrentamiento nos desgastaba, no quitaba energía, pero no había otro remedio si deseabas saber los hechos y las consecuencias. Para ello debías alejarte del centro de la bruma hasta llegar a un sector donde bajo tus pies podías contemplar el mundo terrenal y lo que deseabas. Muy pocas veces lo había hecho. Una de ellas cuando Bianca fue convertida. Era un lugar donde estabas expuesto a que sombras de la zona más oscura vinieran por ti y te llevaran. ¿Pero acaso a esta altura importaba?

Aunque no habría querido contemplar la muerte de mis hijos si hubiera ocurrido. Nadie podría superar esa situación extrema. Sin embargo lo soporté por mis hembras. Si yo no les daba valor, ¿qué sería de ellas?

Me quedé encogido, en un rincón junto a Halldora, en el suelo pedregoso, a partir de que Agravar dio un cabezazo lanzando a Lenya por los aires y él golpeó la cabeza contra las rocas. Inconsciente, estaría a la merced, aunque Sebastien intentaría seguir luchando. No era lo mismo dos contra uno que uno contra a Agravar.

En el instante del terrible golpe Halldora cayó a mis pies y tuve que levantarla mientras Bera no apartaba la vista de la visión de Sebastien.

-¡Mató a nuestro hijo, Adrien!
-No digas eso. Fue un golpe, Sebastien continuará la lucha hasta que Lenya se recupere. Son vampiros Halldora, no te preocupes –pero nada de eso creí.

Lo cierto que todo se tornaba muy difícil. Decidí apartarme junto a ella y esperar noticias dentro de esa bruma que te volvía loco.

Bera no quiso sentarse con nosotros. Permaneció observando la lucha con esa valentía que sólo ella tenía. La misma entereza que la había llevado a abandonar su vida y riquezas por seguir a un vampiro del cual se había enamorado.

Ella se ofreció vigilar cada minuto de esa agonía en la que estábamos sufriendo los tres, y mantuvo la idea de que no abandonara a Halldora en ese cruel momento.

Así era ella… Generosa y valiente… Como Sebastien.

El tiempo fue tan largo mientras contemplaba el rostro de Bera y arrullaba a Halldora que por un momento creí enloquecer. ¿Qué había hecho yo en mi vida además de alimentarme de humanos para merecer esta tortura?

Halldora apretó en el puño la tela de mi túnica negra, a la altura del pecho. Bajé la vista y me encontré con sus ojos de hechicera.

-Quiero pedirte perdón –susurró.
-Por favor, Halldora…
-No, déjame decirte algo.
-Dime.
-Necesito pedirte perdón por haberte separado de nuestro hijo. Ya no puedo volver el tiempo atrás, de lo contrario, no cometería ese terrible error. Sólo quiero que sepas que mi ceguera fue por amarte tanto y no querer compartirte. No hubiera soportado que me llevaras a las cumbres a vivir una vida como deseabas y ni siquiera habías confesado nuestra existencia a Sebastien.
-Lo iba a hacer, Halldora.
-Pero dudabas. Y yo tuve miedo que me relegaras a mí y a Lenya. Preferí quedarme y ser de él un ser civilizado. No sé si fue porque no te creí ese amor que me jurabas. Perdóname, por favor.
-Halldora… Yo te amé. Y amé a nuestro hijo y ahora que… -mi voz se quebró-. Y ahora que no sé cómo terminará todo… Sólo abrázame, cariño… Yo hace mucho tiempo te perdoné.

Bera avanzó hacia nosotros con una alegría desbordante. Reía como si hubiera enloquecido. Por un instante me dio pánico de verla radiante.

Nos pusimos de pie con el corazón en un puño.

-¡Contemplen el triunfo de nuestros hijos sobre ese maldito Agravar!

Halldora y yo la abrazamos.

-¡Qué dices! –reí- ¿Quién fue? ¿Lenya? ¿Sebastien? ¿Los dos?

Ella rio.

-Pues, vengan y vean.

Los tres nos acercamos a ese estilo de fosa donde a medida que bajabas se hacía más nítida. Aunque no nos aventuramos demasiado. No teníamos autorización.

Mis ojos contemplaron a Agravar muerto con el pecho ensangrentado. A su lado estaba Scarlet sollozando junto a Sebastien mal herido. Apartado, Lenya trataba de sobreponerse.

-¿Qué ocurrió exactamente, Bera? Tú has podido ver todo.
-Sí querido, y créeme que no fue fácil. Pensé que los mataría. Pero entonces llegó Scarlet en el momento justo y le dio muerte. Agravar se alegró de verla y le dijo que era una suerte que hubiera venido a salvar a su padre. Sin embargo ella le gritó, ¡tú no eres mi padre! Mi padre fue Adrien Craig! Pobrecita Adrien… Reconocer finalmente que debía ayudar a terminar con esa lacra.
-Mi Scarlet. Yo… Yo que pensé que no creía en mi amor de padre.
-Debiste creer en ella, Adrien.

La voz dulce ajena a nosotros sonó con dejo de reproche.

Los tres miramos hacia la derecha y contemplamos a Lucila sonriente.

-Lucila –balbucee-, lo siento. ¿Cómo estás?
-No te preocupes, te entiendo a pesar de todo. Yo estoy muy bien, como lo estarán ustedes. Queda poco tiempo para que te reúnas con todos. Ahora he venido a buscar a Bera y Halldora. Vendrán conmigo, yo las guiaré hasta la otra etapa donde sólo encontrarán paz y dicha en ese sector luminoso. Pero para eso deberán cerrar el pasado. –se dirigió a Halldora y a Bera sonriendo-. Saben por qué lo digo, ¿verdad?

Ambas se miraron y asintieron.

-Entonces deberán aguardar en otra etapa intermedia hasta que lo puedan solucionar. Pero no se preocupen es mejor que este lugar de tinieblas.

¿De qué hablaban? ¿Qué cuentas debía cerrar Halldora y Bera?

-¿Y yo esperaré aquí? –pregunté cómo niño desorientado.

Ella sonrió cómplice.

-Por supuesto, ella vendrá por ti. ¡Hasta pronto, mi querido Adrien!

Las tres desaparecieron y me quedé envuelto en la bruma nuevamente.

“Ella” vendría por mí” ¿Quién y cómo sería ella?
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Me quedé de pie vigilando mi alrededor expectante. Estaba impaciente por ver a mis hijos, a los tres. Y a Charles… Charles… ¿Y si avisaba a mi querido amigo que me esperara en las cumbres? De esa forma podía verlos a los cuatro. Sí… Eso haría.

Me acerqué a la fosa lo más cerca que podía y aproveché a contemplar a mis hijos nuevamente. Se los veía maltrechos pero sabía que se recuperarían. ¡Qué feliz me sentía! Rápidamente pensé en la mansión… Allí estaría Charles angustiado, temeroso, sintiendo la impotencia de no poder ayudar. El rostro de Charles fue marcándose nítido en mi cerebro como si lo viera a mi lado… Esta vez no intenté salir del submundo sino que hablé en voz alta.

“Charles ve a las cumbres. Estaré esperándote”.

-Adrien, líder de los vampiros. Un placer tenerte frente a mí.

Giré el rostro hacia la voz dulce y melodiosa que me había hablado.

Era una figura alta y delgada con una túnica negra que cubría sus pies. Sus mangas anchas dejaban ver sus delgadas y blancas manos y su capucha sobre la cabeza tapaba el rostro. Apenas podía ver una boca de labios finos y rojos granate y lo anguloso de su cara.

-¿Tú has venido por mí? –pregunté dudoso al ver que no se diferenciaba demasiado de los demás mensajeros de la muerte.
-Sí, ese es la extraordinaria labor que se me ha adjudicado. Por mi experiencia soy quien sabrá otorgarte los deseos que te mereces según tu comportamiento desde el pasado hasta el presente.
-Gracias.

Observó la fosa y sonrió.

-Veo que estás impaciente por encontrarte con los tuyos. Y créeme que te entiendo. No te preocupes, has pasado pruebas rigurosas desde que has dejado de existir para los vivos. Se te ha exigido mucho por ser el líder de los vampiros, pero así también la recompensa será mayor.

-Gracias –volví a repetir.
-Ahora dime, ¿quién es el ser más importante después de tus hijos?
-Bueno las hembras que he amado…
-No, no -me interrumpió-. Me refiero entre los vivos.
-Charles –contesté sin dudarlo-, mi amigo.
-Entonces, te otorgaré cuatro deseos. Si así lo quieres puedes regalárselos a cada uno de ellos. Como tú prefieras.
-Entiendo, ¡gracias!
-No me des las gracias. Es lo que te has ganado.

De pronto, se escucharon quejidos desgarradores y un llanto que conmovía el corazón. Mi mensajero se apartó para no ser visto por el visitante y yo giré mi rostro para contemplar el paso de Agravar junto a otro mensajero… No, era un guía. Lo había visto varias veces llevando almas a distintos sectores de energía. Lo reconocí por ser el ser que había rozado los cabellos de Bianca para llevársela. Su nombre era Hela.

Bajé la vista mientras ambos pasaban como sombras por el lugar donde me encontraba. No ignoraba que Agravar no se quedaría aquí. Por su vida llena de maldad sabía cuál era su destino.

-¡Aguarda, por favor!

La súplica de Agravar me congeló la sangre. Sentía tanto odio y rabia contra él. ¿Ahora pedía por favor, el cretino? Me llené de ira. Sin embargo debía comportarme aunque él me insultara ante la impotencia de haber perdido.

-¡Adrien!

No lo miré…

-Adrien… -volvió a repetir-. Sólo escúchame unos segundos.

No sé si por curiosidad o porque no era mi esencia esconderme, lo miré.

No tenía sangre en sus ropas. Tampoco le faltaban su brazo ni sus dedos. Parecía como si nunca hubiera luchado. Aunque al acercarse a mí parecía arrastrarse como si cargara algo muy pesado.

-¿Qué quieres? –pronuncié con rabia.
-Quiero pedirte perdón.

Su guía se acercó.

-No lograrás escapar de tu destino por más perdón que pidas. No perdamos tiempo.
-Lo sé, lo sé –murmuró sin apartar la vista de mis ojos-. Por favor, escúchame.

El silencio respondió como si hubiera asentido. Lo miré fijo.

Él se acercó siempre custodiado por Hela. Al quedar frente a mí cayó de rodillas.

-Adrien, por favor. Te pido perdón por todo el daño que te hice –estalló en llanto y tapó su rostro.
-No tiene sentido ahora –murmuré-. Hela ha dicho que nada cambiará si es que me dignara a perdonarte.
-No, lo sé. Se trata de mí y de ti… Podía haber sido un verdadero amigo… -las lágrimas corrieron por sus mejillas traslúcidas-. Podía haber sido mi vida diferente. Pero ya no puedo volverme atrás.
-Sin embargo tuviste tiempo para enmendarte y no quisiste.
-Es que tú no imaginas la envidia que me dabas. Lo tenías todo, poder hembras hijos, ¡mi hija! ¡Tenías también el amor de mi hija!
-Lo tengo –murmuré.
-Sí lo sé.
-Tú la abandonaste. Y a tu hembra que te amaba.
-Siii siii –lloró- Lo perdí todo. Ahora sólo necesito que me perdones.
-¿Cómo quieres que te perdone? ¡Mis hijos hubieran muerto en tus manos! ¿O vas a decirme que finalmente no los hubiera asesinado?
-No. No te mentiré. Sí los hubiera asesinado… Es mi naturaleza… Por favor, no dejes que me vaya sin que me des tu perdón. Porque a mi manera te quise y te admiré. Tanto te admiré que desee todo lo que tenías y rabiaba de odio porque jamás iba a conseguirlo… Por favor, sólo dime que me perdonas.
-Tú estás loco. El dolor que les has causado a los míos está metido en mi corazón.
-Sabía que habría una posibilidad que me dijeras eso… Sí… Pero lo intenté… Lo intenté como nunca intenté ser mejor que tú por un camino decente. Yo no te hubiera perdonado si estuviera en tu lugar.
-Levántate, debemos irnos –ordenó Hela.

Él bajó la cabeza y se puso de pie. Titubeó quizás si rogarme por el perdón nuevamente.

Mientras se alejaba la imagen de mis tres hijos unidos y felices me llenó el alma de felicidad. Agravar ya no haría más daño. Lo contemplé irse arrastrando sus pies cada vez más cerca de aquella oscuridad que podía verse a una distancia.

Mi odio por todo lo que había sufrido fue diluyéndose hasta dar paso a una inmensa lástima. Sabía por él que si hubiera tenido oportunidad hubiera terminado con mis hijos, pero no había sido ese el final. Después de todo debía creer que el bien tarde o temprano triunfa.

Mi perdón no cambiaría la situación de Agravar, pero sí la mía. No deseaba tener ese odio dentro de mi alma, debía estar agradecido que todo había terminado bien. Para ser feliz debía desligarme del odio y la venganza. Agravar tenía su castigo eterno.

-Agravar –lo llamé.

Él se giró con dificultad con el rostro demacrado y lloroso.

Suspiré.

-Tienes mi perdón.

Gracias –murmuró. Y poco a poco se perdió entres las más oscuras sombras.

En ese instante mi guía surgió a mi lado nuevamente.

-Adrien Craig, líder de los vampiros, por tu nobleza y sabiduría te otorgo tres deseos más. Mi admiración hacia ti debe ser de alguna forma manifestada. Has podido vencer muchos obstáculos pero éste que acabas de vencer es extraordinario. Has perdonado a tu más grande enemigo y yo te doy la bienvenida con orgullo a nuestro sector de luz.
-Gracias –susurré-. ¿Pero veré los míos?
-Por supuesto. Te fuiste como vampiro y regresarás como vampiro a tus cumbres. Con tus dones innatos, sin embargo, recuerda… tienes un tiempo exacto para regresar. Cuando el reloj dé la medianoche estaré esperando por ti. No habrá chance de retrasarte, no te esperaré ni volveré por ti. No lo olvides.
-De acuerdo.
Ahora me despido. Ve por allí –señaló a la derecha-. Avanza hasta atravesar el submundo de los lobos, el aire se hará más denso, más pesado hasta que tu cuerpo comience a pesarte como al estar vivo, después cierra tus ojos y piensa en tus cumbres. Para regresar debes concentrarte en pensar en este mismo lugar. Eso será todo.
-Aguarda…
-Dime.
-Me has dicho que me has otorgado tres deseos más y quiero usar tres antes de partir. ¿Podría?
-Sí, podrías. ¿Lo has pensado bien?
-Sí… Quiero regalarle un deseo a cada una de mis hembras. A Halldora y Bera. Me gustaría que puedan cerrar sus historias para poder reunirse conmigo. Y en cuanto a mi tercera hembra Lucila… Me gustaría que pudiera ver a su hija Scarlet por el tiempo permitido.
-Lo de Lucila no puedo concedértelo. Ella está en el lugar de luz y no recibe regalos de un sector inferior, pero si es por su hija, no te preocupes, dentro de un tiempo se manifestará. Buena suerte Adrien Craig.

Y así me despedí y comencé a caminar hacia un lugar que nunca había contemplado.
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El sector donde pisaba estaba impregnado a olor a tierra y resina. Una neblina no muy densa rodeaba el paraje que al parecer era un bosque extenso y frondoso. Por encima de mí, la aurora boreal dibujaba manchas que iban deshilachándose en hilos verdes y naranjas.

¿Sería cómo un paraíso de los lobos?

Avancé por un sendero sinuoso que parecía perderse en unas cavernas. Grupos de hombres lobos parecían estar de pie murmurando entre ellos, ajenos a mi presencia. Hasta que escuché una voz…

-Adrien Craig, por fin te veo pasar. Sabía que lo lograrías.

Miré hacia mi derecha y pude ver a Yako, padre de Sabina, junto a Maia su hembra y madre de Sabina.

-Hola Yako, debo ir al mundo terrenal.
-Lo sé, si estás aquí caminando libre es porque has logrado salir de las tinieblas.

Ella sonrió.

-Nos alegramos, Adrien.
-Gracias. ¿Y ustedes? ¿Este es el lugar de mayor energía para los lobos?
-Así es. Pero nosotros no tenemos deseos que podamos cumplir.
-¿De veras? –me apené.
-Sí, pero no te preocupes. Nosotros nos manifestamos a través de la naturaleza con todos nuestros seres queridos. Y créeme que el que sabe cómo llegar a nosotros nos siente a su lado todas las veces que desee.
-Fantástico.
-A través del lobo blanco nuestra pequeña alfa es guiada y cuidada por sus padres.
-¿La niña pelirroja?
-Sí, Adrien.
-Han fallecido sus padres, ¿verdad?
-Sí.
-Pobrecilla, ¡qué dolor! No poder verlos aunque sea por última vez.
-Algún día se reencontrarán. Nosotros no somos eternos Adrien.
-Claro…
-Ahora continúa viaje amigo. Y que nuestras razas siempre sean unidas como en un tiempo.
-Así será…

Avancé unos pasos y me detuve.

-Yako, Maia… he pensado que tengo cinco deseos. Cuatro para mis más allegados, mis hijos, mi amigo Charles… Creo que podría usar uno con Douglas pero sería discriminar a Numa y no está bien. Entonces… Creo saber que haré con el quinto deseo.

Charles.

Desorientado pensé en la frase y la voz de mi amigo Adrien… Estaba en las cumbres esperándome. Eso significaba que todo había salido bien. Porque de lo contrario Adrien no estaría allí con ese tono de entusiasmo. Sí… no estaba triste.

-Charles.

Bianca bajó el cristal de la ventanilla.

La miré entre emocionado y temeroso.

Adrien me había llamado. ¿Él habría vencido a Agravar? ¿Habría podido ayudar a matar a Agravar?

-¡Charles! –exclamó Margaret saliendo del coche junto con Bianca.

Todos comenzaron a salir del Falcon.

-¿Qué ocurre? –preguntó Ron con el rostro desencajado.

Miré a todos uno por uno.

-Charles, ¿has tenido visiones? –preguntó Rose acercándose rápidamente.

Rodion llegó hasta mí y cayó de rodillas mientras sujetaba la mano.

-¡Por favor! ¡Dinos que ocurrió! ¿Ha asesinado a mi hijo?

Sara lo ayudó a levantarse con el rostro lloroso.

-No, no… No sé muy bien pero es algo bueno. Escuché a mi amigo Adrien que dijo…
-¿Qué dijo qué? .preguntó Bianca desesperada.
-Que espera en las cumbres, dijo que fuera.
-¡Ve entonces! –exclamó Bianca.
-No te demores Charles y trae noticias –acotó Rose-. Esperaremos aquí.
-¿No será una trampa? –preguntó Numa.
-Te acompañaré –aseguró Ron.
-No, no. Iré solo como me dijo… Ustedes… Ustedes entren a la mansión. Por las dudas no llamen la atención permanezcan como dijo Sebastien.

Hubo reticencia sí, porque negarlo, pero era lo mejor. Hacer tal cual me había dicho Adrien. Además yo lo conocía. Era la voz inconfundible de mi amigo.

-¡Margaret! –exclamé- ¡Por todos los infiernos, Margaret! Mira como estoy, no llevo el traje puesto, yo… estoy demacrado y… -me miré tratando de acomodar mi chaqueta y miré los zapatos.
-No me he lustrado los zapatos –pronuncié tembloroso.

Margaret tomó mis manos entre las suyas y sonrió.

-Querido mío. ¿Crees que a tu amigo le importa cómo te veas? Ve…
-Ay Margaret… Veré a mi amigo después de tanto tiempo… Margaret… -lágrimas afloraron en mis ojos.

Ella acarició mi mejilla y sonrió emocionada.

-Sí, cariño. Lo volverás a ver. Vamos, no pierdas tiempo.

Asentí mientras todos me miraban con emoción.

-No te tardes, por favor –susurró Bianca.
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No pude materializarme, estaba demasiado emocionado y no controlaba mi cerebro. Pero corrí, corrí a velocidad inhumana, como sabíamos hacer los vampiros.

Al llegar a las cumbres la primera que me vio fue Scarlet. Me miró emocionada y se acercó.

-Querida… -susurré.

Vi el cuerpo de agravar ensangrentado y sus manos bañadas en sangre.

Sebastien y Lenya estaba de pie. Enteros, vivos.

-¿Quién lo mató? –balbucee.
-Nuestra hermana –dijo Sebastien, que aunque se lo veía demacrado parecía muy feliz.

Miré a los ojos a Scarlet.

-Scarlet…

Ella sonrió con tristeza.

-¿Ves Charles? No te fallé.

Una lágrima corrió por mi mejilla.

-En el fondo de mi corazón, créeme que tenía la esperanza… ¿Sabes por qué?

Ella negó con la cabeza.

-Porque aunque tus ojos sean del color de las violetas, fuiste y serás Scarlet Craig. Eres nuestra. ¡Nuestra! –repetí.
-No te daré un abrazo porque te ensuciaré con sangre.
-No me importaría –sonreí.
-Pero a mí sí, porque estarías robándome minutos, viejo amigo.

La voz de Adrien me puso los cabellos de punta. Mucho más cuando los cuatro volteamos a contemplar a ese líder de los vampiros, de pie, en las puertas de la caverna.

Reí.

-¡Cuánto tiempo querido amigo!

Observé por segundos a Sebastien y a Scarlet que sonreían, Lenya… Lenya se apoyó en una piedra para no caer por la emoción. Era la primera vez que contemplaba a su padre frente a frente. Y eso para un hijo que buscó su amor toda la vida debía ser muy fuerte.

Scarlet avanzó hacia él.

-Espera hija mía. No puedes abrazarme si ese no es tu deseo.
-¿Qué deseo? –preguntó.
-Tengo cuatro deseos –nos miró uno por uno-. Cuatro deseos que les regalaré. No puedo permanecer más tiempo del que se me permite… Difícil de explicar pero lo cierto es que deberán pedirme lo que quieran y yo lo cumpliré. No tengo mucho tiempo. Vine a despedirme, pero estaré muy bien. Feliz. No se preocupen.
-Entonces… -dijo Sebastien acercándose-. ¿Puedo pedirte un abrazo, papá? ¡Te extrañé tanto!

Mi amigo sonrió.

-Por supuesto hijo.
-¡Pero las damas primero! –gritó Scarlet levantando la mano.

Reímos.

-Mi querida princesa, mí amada hija. ¿Ese es el deseo que quieres? ¿Que comparta el tiempo contigo y nos abracemos?
-¿Y qué crees que sería más importante que eso?

El rio y extendió los brazos.

Scarlet corrió y ambos se unieron en ese abrazo de padre e hija deseado tanto tiempo.

Sebastien se secó las lágrimas.

-Papá, ¿estás bien donde te encuentras?

Él asintió mientras acariciaba los cabellos de Scarlet.

-Calla Sebastien, no ves que es mí tiempo –sonrió Scarlet entre los brazos de Adrien-. Papá, te sientes tan real.

Sebastien sonrió.

-Lo siento estoy muy ansioso.

Fui acercándome para contemplarlo de cerca.

No pasó desapercibida la imagen de Lenya que parecía temblar de pies a cabeza.

-¿Estás bien? –pregunté.

Él me miró con lágrimas en los ojos y sólo asintió con la cabeza, apoyado en la roca.

Mientras Scarlet conversaba contándole infinidad de cosas, aproveché a deshacerme de esa inmunda escoria aunque me llevó horas. Encendí un fuego con mi encendedor y viejas ramas de un arbusto enano. Poco a poco el cuerpo del cretino fue quemándose y desapareciendo no sólo de las cumbres sino de nuestras vidas.

Cuando terminé mi tarea, Scarlet se alejaba sin muchas ganas por supuesto, pero Sebastien deseaba tener el tiempo con su padre y ella lo comprendió.

Fue maravilloso contemplar a padre hijo fundirse en un abrazo. Hubo llantos, sonrisas, un poco de tristeza sí… Sabíamos que este momento no duraría. Sebastien había extrañado a su padre como cualquier hijo le ocurriría. Me retiré con los restos de Agravar mientras el día avanzaba. Me deshice de sus restos quemados tirándolos por el barranco hacia las costas del mar de Barents.

Aún faltaba para medianoche y Adrien debía cumplir el deseo de Lenya y el mío.

El día nublado nos ayudó. De lo contrario hubiéramos tenido que buscar la protección de las cavernas.

Adrien también deseaba ese momento con Sebastien, donde los recuerdos de tantos hechos vividos pasarían por su cabeza mientras acariciaba a su hijo mayor y hablaban.

Fue una enorme felicidad para mí. Pero aún faltaba lo que a mi modo de ver… habíamos deseado todos los Craig. Desde el primero al último. Ese encuentro, ese abrazo de Adrien y de aquél hijo que no había podido disfrutar.

Cuando las horas pasaron y Scarlet y Sebastien habían cumplido su más ansiado deseo de abrazar y hablar con su padre, el líder de los vampiros informó que sólo se quedaría hasta medianoche, entonces... dirigió una mirada llena de emoción a Lenya Craig.

Allí estaba, inmóvil aún. Sin poder creerlo como nos ocurría a todos.

Supe que esa imagen que se aproximaba sería lo más maravilloso que mis ojos iban a poder contemplar.

Adrien se separó de Sebastien dándole el último abrazo y besando su frente. Avanzó lentamente hacia Lenya y mi corazón galopó como un caballo salvaje.

-Querido, aquí tienes a tu padre. Ese que te ha amado tanto a la distancia –dije emocionado.

Lenya me miró y miró a su padre.

-Hijo mío, ¡no sabes cuánto desee tenerte entre mis brazos! ¿Me lo pedirás? ¿Has perdonado mi ausencia?

Lenya asintió y su voz tembló.

-No tengo nada que perdonarte, papá. Sus ojos se cerraron fuertes como si no quisiera seguir pensando en lo que vendría. ¿Por qué? ¿Acaso no lo deseaba?
-Hijo…Escucho tu deseo.
-Papá… -gruesas lágrimas cayeron de sus ojos-. Papá, abrazarte es lo que más hubiera deseado en la vida. Te amo… Pero no voy a usar el deseo para ello.

Vi Adrien descolocado, confundido.

-Querido hijo, ¿hay algo que desees más que abrazarnos?

Asintió en silencio ante la mirada atónita de sus hermanos.

Entonces, su voz sonó segura y firme aunque con un gran dolor, en cada rincón de esas cumbres desoladas.

-Quiero que salves de la muerte a un joven llamado Drank.

Dicho esto rompió a llorar.

Adrien se acercó un poco más.

-Debe ser un gran amigo.

Él sacudió la cabeza con rabia.

-No, no lo es.
-¿Entonces?
-Él es muy importante para la hembra que amo… Y si él muere ella nunca será feliz. Por favor, sálvalo de morir.

Adrien contempló a su hijo por segundos con honda tristeza. Después su rostro sonrió con orgullo.

-Estoy tan orgulloso de ti, hijo mío.

Lenya rio entre el llanto.

-Si supieras cuánto desee que me dijeras por primera vez lo que le decías a Sebastien. Que estarías orgulloso de mí.

Adrien lo miró fijo y sus ojos brillaron de emoción.

-Te equivocas. Una vez cuando tú eras muy pequeño y no sabías caminar. Te recosté en la pared de la choza y me alejé de ti unos metros. Tú te quedaste mirándome con pánico. Y te dije extendiendo mis brazos, “vamos Lenya tú eres valiente, sé que lo lograrás”. Tú titubeaste un buen rato, pero finalmente caminaste hacia mí sin ayuda y sin caerte hasta que pude encerrarte en mis brazos. Y te dije… “Hijo mío, estoy orgulloso de ti”. Esa fue la primera vez… Es una pena que no puedas recordarlo.

Lenya estalló en llanto nuevamente.

-No, no lo recuerdo. ¡No recuerdo nada de tan pequeño! –exclamó sollozando.
-Pero ahora lo sabes, Lenya. Te amé y estuve orgulloso de ti desde que naciste. Ahora… Debo ir para cumplir tu deseo. No puedo demorarme mucho. No quiero fallarte.

Lenya levantó la vista y lo miró.

-Te quiero, papá.
-Yo también, querido.

Después mi amigo me miró muy triste.

-No tengo idea como llegar hasta ese chico.

Sonreí acongojado por la escena anterior.

-Yo te llevaré.




















8 comentarios:

  1. Hola, Lou... ¡Cuánto me has hecho sufrir con este capítulo!
    He temido por la vida de Sebastien y de Lenya... Agravar era muy fuerte, la lucha ha sido espantosa... el escenario, terrorífico
    Sospechaba que Scarlet iba a tener que ayudar a sus hermanos... y así ha sido ;-)
    Adrien, Halldora y Bera lo han pasado realmente mal... ver ese enfrentamiento sin poder intervenir es un sufrimiento demasiado grande
    Y Adrien ha perdonado a Agravar... increíble y admirable su nobleza
    Me ha encantado el encuentro de Adrien con sus hijos, y con Charles
    Y no imaginas cuánto me ha emocionado que Lenya le pida que salve a Drank... esa es la prueba de amor más grande que podía tener hacia Liz
    Me ha gustado muchísimo el título de este capítulo... "Los siete deseos"
    Yo espero que tú hayas pedido uno por ser tu cumpleaños ;-)
    Muchas Felicidades, Lou... por tu cumple y por esta maravillosa novela que estamos leyendo
    Y quiero que sepas que a la primera persona que comento hoy, en los blogs, es a ti
    Espero y deseo que estés disfrutando de tu 13 de junio ;-)
    Besos

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  2. ¡Hola Mela! Debo decirte que viniendo de ti siendo escritora es un honor tu comentario. Lenya ha vencido todo el egoísmo que alguna vez habría habitado en él, la autora... la autora no debería dejarlo así, no crees?
    quizás falten tres capis más para el final. Tú, ten paciencia.
    El encuentro ha sido emocionante, me alegro que te haya gustado. uro que he puesto el corazón.
    Los siete deseos sí... y falta el de Charles...
    La lucha fue desgastante para mí, te confesaré que odio escribir sobre luchas.
    Adrien no podría irse con tanto odio, así liviano es meor.
    Te mando un beso cariño y te espero en el próximo capi prometiendo muchas sonrisas. Besotes y gracias.

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  3. Uy que genial capítulo . Al principio pensé que iba a ganar agravar, pero Scarlett reaccionó bien y se porto a la altura. Me gusto la reunión de Adrien y sus hijos. Y el amor y la madurez de Lenya. Espero que hayas tenido un genial cumple tqm

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    1. ¡Muchas gracias Citu! Un comentario de una gran escritora como tú.
      Los Craig se merecían una respuesta así de Scarlet. La reunión fue emocionante. Y Lenya merece un aplauso.
      Gracias querida amiga. Te quiero mucho!

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  4. Ahh como sufri con esta pelea, hasta el ultimo momento no estuve tranquila, que bueno que Scarlet ayudo a sus hermanos, jamas crei que ella los traicionaria, ellos son su verdadera familia, Agravar resivio su merecido!!!!...Lou espero que haigas pasado un cumpleaños de lo mas genial desde aquí te mando un fuerte abrazo!!!

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    1. ¡Hola Lau! Gracias por el saludo. Sí,la pelea fue cruenta. Pero ya han triunfado. Todavía quedan cosas por resolver y sé que te gustará. Besos y muchas gracias!

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  5. como todo humano, sus emociones, realmente eres una gran escritora, permiteme felicitarte LOU,,,

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    1. ¡Hola Lobo! Muchas gracias por pasarte y comentar. Me alegro que te guste la novela. Escribir es mi cable a tierra, sólo eso. Un abrazo!!

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