Los dejo con este capi el cual Scarlet entra en combustión. No sabrá para que lado tomar. No quisiera estar en su lugar. Para una persona que no sabe mucho sobre su identidad debe entrar en una búsqueda insaciable. Hay que esperar no queda otra. Mientras sufriremos junto a Adrien que seguramente contemplará cada minuto que transcurra desde otro mundo.
Con ustedes, los Craig. ¡Gracias totales!
Capítulo
62.
Golpe
bajo.
Lenya.
En el despacho de
Sebastien, sentado en el sofá del rincón cerca de la ventana, terminaba mi vodka
de un solo trago. Mi hermano que cerraba su notebook levantó la vista y me
miró.
-Debes tener paciencia y
confiar –aconsejó.
Apenas había pisado la
mansión me había desahogado con mi hermano que aunque no tenía experiencia en
tener rivales del tipo de Drank era una opinión valedera para mí.
Recosté mi cabeza en el
respaldo y jugué con el cubo de hielo de mi vaso.
-Paciencia tengo, no
creas. Mucho más de la creí tener.
-Lenya –se sentó en el
sofá frente a mí-, el chico está en las últimas. Liz será toda tuya en poco
tiempo.
Miré hacia el parque a
través de los cristales del ventanal.
-No, Liz nunca será
totalmente mía si él muere. Drank se llevará parte de su alma.
Me miró serio.
-Pero… el chico no tiene
posibilidad de vivir. Eso dijo Bianca. ¿Qué harás? ¿Bajar al infierno a
buscarlo para que te devuelva parte del alma de Liz?
Sonreí.
-No, infierno nooo. ¡Él
es perfecto! Tendría que bucear en el paraíso y atrapar sus alas de ángel.
Sebastien rio a
carcajadas.
-Estás tan celoso,
hermano.
-Sí, por supuesto. Sin
embargo en eso no exagero. Liz y Marin hablan maravillas de él.
Mi hermano me miró
achicando los ojos.
-Pero evidentemente ella
eligió a un demonio.
Poco a poco sonreí.
-Sí… Eso creo.
-¡Muy buenas tardes! -Charles
saludó sonriente con una botella de vodka en la mano y en la otra un vaso
vacío.
-Hola, buenas tardes
–saludó Sebastien arqueando la ceja.
-Sí, buenas tardes para
ti –contesté.
Me miró sonriente y se
sentó junto a Sebastien.
-¿Poco sexo esta semana?
–se burló mientras llenaba el vaso.
Arquee la ceja.
-¿Qué dices? ¿Cómo crees?
-Pues viéndote esa cara
de amargado no me queda pensar otra cosa. Los que tenemos una vida sexual
cotidiana y consecuente no llevamos puesta esa cara, querido.
-Ah, mira tú. Así que
ahora me darás clases de como satisfacer una hembra.
-No es secreto pero ya
que lo dices si deseas preguntar algo a este vampiro con alta experiencia.
-Esto es demasiado
–murmuré.
Sebastien sonrió.
-A ver, no te preguntaré
por Margaret porque es evidente que te va muy bien. Sin embargo como te conozco
hace mucho tiempo mi pregunta es, ¿hay algo más que te hace feliz hoy?
-Sí… Que suspicaz,
querido. Scarlet ha regresado sana y salva y ya está con nosotros. Mi corazón
ha vuelto a retomar el ritmo pausado y tranquilo.
-¿Scarlet? –pregunté-.
¿En qué anda Scarlet?
Sebastien se recostó en
el respaldo y cerró los ojos.
-No sé en que anda.
Aparentemente viajó a Chile a visitar a los Huilliches. Desearía preguntarle
cómo le fue pero seguro me dirá que estoy metiéndome en su vida.
-Es una edad difícil,
Sebastien –dijo Charles-. Recuerda, perdió a Adrien, cambió su hogar, tuvo que
adaptarse a nuevas costumbres, y después perdió a su madre.
-Sí, lo sé… Ah, hablando
de perder a su madre…. Lenya, ¿has pensado lo que te he dicho de Bianca?
-¿Lo de su don?
-Sí.
-Estoy dispuesto a
desenterrar a mi madre. Aunque no creas que me es fácil. No me gusta esta
manipulación de sus restos.
-Ella sólo los tocará
–agregó Charles-. Debemos aprovechar la oportunidad. Quién te dice que el
asesino tenga rostro conocido.
-No sé… Yo siempre pensé
que eran los lobos.
-No me lo recuerdes
–murmuró mi hermano-. Casi se desata la guerra entre las razas y creo que
ninguno hubiera salido ganando.
-Cierto.
Douglas entró al
despacho.
-¿Qué tal “trío
dinámico”?
-Buenooo, ¡otro que está
teniendo sexo a menudo! –exclamé.
-¿Qué? ¿Sexo? ¿Qué es
eso? –bromeó.
-Calla que te he visto
rondando el hotel de tu madre bastante seguido –dijo Sebastien.
-Ah bueno, sí…
-¿No digas? –preguntó
Charles con entusiasmo-. ¿Has conquistado por fin a Marin?
-Me acabas de arruinar el
día. No, no es por Marin. Camile. Su nombre es Camile.
Charles se puso de pie.
Te presto mi vaso y te dejo la botella de vodka por si quieres ahogar las penas.
Desearía que despejen el despacho ya que me dedicaré a limpiar.
-Yo creo que si Camile es
la chica que llevaste al hotel Thon, hará unas noches, no está nada mal.
Sebastien hizo seña de
unos pechos voluminosos.
Los tres lo miramos
sorprendidos.
-¿Qué? Soy casado no
ciego.
-Veremos qué opina Bianca
sobre el uso de tu vista –reí poniéndome de pie.
-Oyee, desgraciado que te
he prestado mi oreja desde muy temprano y así me pagas.
-Quédate tranquilo que de
mi boca no saldrá –después miré a Douglas con picardía-. ¿Así que duermes con
dos buenas almohadas? –dibujé dos pechos grandes.
Douglas sonrió y me miró
altanero.
-Yo diría que hago mucho
más que dormir.
-¡Uuuuuh! –exclamamos
todos.
Sebastien se puso de pie
riendo.
-Ahora, hablando en
serio. Douglas necesito que avises a Bianca que Lenya está aquí y que haremos
lo que habíamos pactado. Ella entenderá.
-¿Tanto secreto?
-Es sobre mi madre -le
informé-. Bianca tiene el don de ver como murieron ciertos seres. Averiguaremos
quien la asesinó.
-Oh… Eso será muy bueno.
Sí, estaba al tanto del don. Aunque no sé mucho como lo hace. No se preocupen,
yo le aviso.
………………………………………………………………………………………………..
Sebastien y yo
aguardábamos en la sala que apareciera la médium de ojos borgoña. La sala
estaba silenciosa y parecía que flotaba la aparente paz por todos los rincones.
“Aparente”, dije bien, porque de real no tenía nada.
Todo comenzó con Rose y
Numa bajando la escalera en plena discusión.
-¿Qué ocurre con ustedes,
chicos? –preguntó mi hermano con los brazos en jarro.
Rose pisaba los talones
de Numa con cara de desquiciada.
-¡Eres un sinvergüenza y
caradura!
Numa rodó los ojos y giró
para enfrentarla al pie de la escalera.
-No es tan grave, eres
una exagerada.
-¡Chicos! ¿Podrían
calmarse? Están en la sala no sé si han podido darse cuenta –protestó
Sebastien.
-Este imbécil seguro que
no. No tiene idea de cómo me llamo –protestó Rose esquivando de mal modo a
Numa.
Avanzó hasta la cocina
y dio un portazo. Numa se encogió de
hombros y murmuró.
-¡Está loca!
Sebastien cruzó la sala
con paso apresurado y abrió la puerta de la cocina.
-¡Rose! Sal, ahora mismo.
En segundos la bella
pelirroja se asomó a la puerta.
-No vuelvas a golpear la
puerta de ese modo. ¿Has escuchado?
-Sí, Sebastien.
-Ahora quiero a los dos
en el despacho.
-Papá, es una tontería
que por culpa de ella…
-Tontería pareciera que
no fuera ya que este escándalo que acaban de armar en la sala debe tener una
razón muy importante. Y si es culpa de ella lo decidiré yo. Vamos, los dos al
despacho.
Charles se había asomado
a la puerta ante tamaño escándalo. Se hizo a un lado con la franela en la mano
para dejar pasar a los tortolitos que no se animaron a decir ni “pío”, ante el
enojo de Sebastien.
De pronto, el timbre de
la mansión se escuchó una sola vez. Charles se apresuró a mirar el visor de la
pantalla e informó.
-Tenemos visitas, al
menos agradables –pulsó el botón para abrir los portones -. La señora Sasha
Gólubev nos honra con su presencia.
-Oh… -murmuró mi hermano-.
Seguro querrá que la acompañe a la Isla del Oso para ver a Mijaíl.
-¿No se habían separado?
Natasha estaba muy preocupada –agregué.
-Sí, pero se aman. Tarde
o temprano se reconciliaran. Al parecer ella dará el primer paso.
Charles abrió la puerta y
aguardó.
-Suerte la de Mijaíl que
tiene una hembra tan sumisa y poco orgullosa –dije sentándome en el sofá.
Charles comprobó que
Sasha aún le quedaba camino por transitar hasta el portal y nos miró con una
sonrisa ladeada.
-Sumisa, ¿Sasha Gólubev?
No sabes nada, querido. Cuando sospechó de una infidelidad de Mijaíl, por
supuesto sin tener razón, el pobre tuvo que buscar refugio con Adrien en las
cumbres mes y medio, hasta que ella le creyó.
-Uh… -suspiré.
-¡Querida! ¡Qué gusto
verte! –exclamó nuestro adorable mayordomo.
Sasha hizo su aparición
tímida y aunque parecía demacrada y más delgada de lo que la había visto la
última vez no dejaba de ser esa hembra de personalidad arrolladora y estampa
distinguida.
Llevaba un pequeño bolso
de viaje y un abrigo de paño chocolate que hacían juego con sus botas y el
pañuelo al cuello. Un alto peinado sujeto con una hebilla de nácar le daba el
toque elegante.
-Charles… -estiró su mano
delicada la cual fue recibida por Charles quien depositó un beso caballeresco.
-Oh, siempre tan
caballero –miró la sala y sus ojos se dirigieron a mi hermano-. Mi querido
Sebastien.
Sebastien se acercó y la
abrazó con cariño. Ella rompió en llanto suavemente.
Hasta para llorar era
distinguida.
-Tranquila Sasha. Todo se
arreglará –la tranquilizó mi hermano separándola para mirarla a los ojos.
-Oh Sebastien, he sido
tan cruel con Mijaíl.
-Estoy al tanto Sasha
pero no te preocupes, sólo deben hablarlo. Lo que me extraña es que hayas
tardado en decidirte a verlo. Porque por eso estás aquí, ¿verdad?
-Es verdad. Lo que ocurre
que tuve unas largas charlas con Dimitri. Tú sabes, es tan buen psicólogo.
-Cierto, lo sé por buena
fuente.
-Permíteme el abrigo y el
bolso de viaje, mi querida Sasha –dijo Charles.
-¡Qué amable! Sebastien,
¿no te molesta que viaje contigo a la isla?
-Por supuesto que no,
Sasha. El único contratiempo es que no viajaré hoy, sino pasado mañana.
-Oh… Entonces intentaré
viajar sola si tú me explicas como llegar y que avión tomar.
-Por supuesto, quizás
pueda acompañarte Douglas o Numa.
-Muchas gracias.
-Ahora ve con Charles y
ponte cómoda en la habitación de huéspedes. Le diré a Bianca que has llegado.
-Gracias Sebastien.
Buenas tardes, Lenya, permiso.
-Adelante. Estás en tu
casa.
Douglas bajó la escalera.
-¡Hola Sasha! ¿Qué tal?
-Oh Douglas, Me
preguntaba si podrías acompañarme a la Isla de Oso y… oh perdón estoy muy
ansiosa.
-Ehm… bueno…
-No te preocupes Sasha de
una forma otra viajarás hoy mismo. Ve tranquila.
-Sí, sí. Perdón.
Mi hermano sonrió y
Douglas terminó de bajar la escalera.
-Bianca está ocupada
hablando con la “señora”, esa que no quiero nombrar. Así que supongo bajará en
cualquier momento.
-¿Habla con ella? Creí
que sólo la veía en determinados momentos. La verdad que no me gusta en
absoluto.
-Papá, ¿a qué se refería
Sasha con que la acompañara?
-Es por Mijaíl, quiere
verlo y como nunca ha viajado a la isla es coherente que vaya acompañada por
alguno de nosotros.
-Ah, okay. El tema es que
esta noche es la graduación de Numa.
-¿Qué? ¿Cómo no me lo
dijo?
-No te enojes. La entrega
de título no es hoy. Esta noche es una fiesta para los egresados. Los viejos no
están invitados.
-¿Estás diciéndome viejo?
-La juventud está perdida
–agregué sonriendo.
-Me has hecho recordar
que tengo a estos dos en el despacho, si me disculpan.
Sin embargo la idea de
irse al despacho se vio truncada por otro descubrimiento. Quedó inmóvil con la
vista fija bajo una de las ventanas.
-¿Y esas maletas? ¿De
quién son?
-De Sasha –dijo Douglas.
-No, no son de ella.
-Son mías.
La voz tronó desde el
pasillo superior y la princesa de los Craig avanzó rápidamente bajando la
escalera sin perder milésima de tiempo.
Sebastien abrió la boca
pero tardó varios segundos en dejar escapar la pregunta.
-¿Te vas?
Ella cogió las dos
maletas y sin mirarlo contestó.
-¿A ti que te parece?
Scarlet se acercó al dispositivo que tenía la
pantalla y presionó el botón.
Douglas se sentó en el
sofá en silencio.
-¿Puede alguien cerrar
por mí?
-¡Aguarda! –exclamó mi
hermano mientras yo trataba de asimilar que cuernos pasaba.
Ella se giró y lo miró
indiferente.
-¿Por qué te vas de tu
casa? ¿Dónde irás a vivir?
Scarlet tardó en
contestarle. Su mirada fija en los ojos de mi hermano no produjo ningún gesto
amable que hiciera pensar que se sentía bien con la decisión. Más bien parecía
una determinación la cual estaba obligándola a tomar.
Cierto que no se llevaban
bien. A menudo discutían y se enfrentaban. Pero nunca hubiera pensado que era
tan grave para que Scarlet partiera de la mansión y del lado de nosotros.
-¿Mi casa, dices? –sonrió
con pena-. Me voy, los portones están abiertos y podría entrar alguien.
-Ron está en el parque
–mumuró Sebastien casi sin voz.
-Vale, igual no quiero
retrasarme, salúdenlo por mí.
-¡Eres una desagradecida!
Mi hermano se acercó y yo
fui caminando hacia ellos para ubicarme en el medio. Esto me olía muy mal.
Douglas se puso de pie.
Ella giró nuevamente para
enfrentarlo dejando las maletas en el suelo acomodando su pequeño bolso en el
hombro.
-No querido.
Desagradecida sería si te hubiera pedido algo y tú me lo hubieras dado. Lo que
me has regalado de lástima u obligación nunca se me hubiera ocurrido pedírtelo.
Me lo diste porque te convenía a ti.
-¡Estás loca! –gritó
enfurecido-. Eres malvada como…
Me interpuse en el medio.
-Cálmense los dos.
-¿Cómo tu padre? ¿Eso
ibas a decir, Sebastien? –preguntó ella con sus ojos brillantes.
-No –murmuró.
Scarlet sonrió de lado.
-No sabes mentir. Ahora,
puedes quedarte con tu maldito apellido. No lo quiero.
Mi hermano avanzó hacia
ella empujándome a un costado.
-Así que rechazas con ese
odio el apellido que te dio un ser que te amaba.
Ella lo miró fijo.
-Sí, él me amaba… Pero ya
no está. Y tú…
-¿Y yo qué? ¡Maldita sea!
Me has hecho la vida imposible, sólo he tratado de llevarme bien contigo.
-Pues no te has esforzado
mucho.
-Scarlet, piensa por
favor. No seas arrebatada –dijo Douglas.
Ella lo miro.
-Así soy yo Douglas,
arrebatada. Pero quédate tranquilo que mis defectos no los heredarás, no llevas
mi sangre.
Sebastien arrebató el
bolso del hombro de Scarlet y de un rápido movimiento lo abrió y metió la mano
en su interior.
-¿Qué haces idiota?
Se abalanzó hacia él e
intentó quitarle el bolso pero él fue rápido y extrajo lo que aparentemente
deseaba.
-¡Esto! –dijo mostrando
el pasaporte-. ¡Esto no fue obra de mi padre, fue por mí! ¡Él te habrá dado el
apellido de palabra pero yo te lo di ante la ley, ante todos!
Scarlet le quitó el
documento de las manos y lo guardó.
-No te preocupes, en
cuanto pueda también te devolveré este pasaporte falso y no sabrás más de mí.
Ante la desesperación mi
hermano la cogió del brazo.
-¡No te irás de esta
casa!
La mano de Scarlet se
elevó poniéndome los pelos de punta. Sin embargo se arrepintió a tiempo.
-¿Qué? ¿Me levantarás la
mano, también? Sólo eso te falta –dijo mi hermano con los dientes apretados.
Después la soltó.
Charles bajó la escalera
y contempló la escena.
Scarlet se agachó abriendo
una de las maletas y quitó algo que no llegué a distinguir.
En dos segundos
“aquello”, volaba por encima de nuestras cabezas. Al caer supe que eran un par
de pantuflas.
-Aquí tienes tu regalo.
No quiero nada que me recuerde a ti.
Sebastien quedó inmóvil
con los brazos caídos a los costados. Entendí que su lucha porque Scarlet se
quedara con nosotros había llegado a su fin.
Ella desapareció por la
puerta y Charles fue el único que fue tras ella.
-¡Charles! Déjala, que se
vaya si quiere.
-No –contestó-. Tengo que
al menos intentarlo, se lo he prometido a mi amigo.
Seguí a Sebastien al
despacho después que él recogió las pantuflas tiradas. Cerré la puerta y
observé la escena sin decir palabra. De pie, inmóvil.
Numa recostado a la
ventana hablaba en voz baja con Rose, sentada en el sofá, aunque parecían no
ponerse de acuerdo. En cuanto entramos al despacho ambos nos miraron con cierta
preocupación.
Sebastien no dijo palabra.
Se sentó en su lugar de siempre tras el escritorio y depositó las pantuflas
sobre la mesa. Numa tomó asiento junto a Rose y se animó a preguntar.
-¿Qué pasó, papá?
-Scarlet se fue.
Juntó las manos a la
altura de su cara como si rezara una plegaria y se mantuvo pensativo.
-Ya volverá –murmuré.
-No, no volverá. Me odia.
-No te odia –murmuré,
aunque no estaba demasiado convencido.
Balbuceó.
-Chicos, disculpen no
estoy en un buen momento para discernir ningún conflicto. Sepan perdonar.
-No te preocupes, papá.
De todas formas no volverá a ocurrir, ¿verdad Rose?
-Sí, Sebastien. Y lo
lamento.
Ambos se retiraron en
silencio y me senté frente a mi hermano escritorio mediante. Mi mano cogió las
pantuflas para verlas mejor.
-¿Se las regalaste?
Asintió con la cabeza.
-Tienen el escudo de los
Craig.
-Volvió a asentir.
Sus dedos presionaron en
los ojos con fuerza e hizo un gesto de cansancio.
-No sé cómo llegar a su
corazón.
Dudé antes de dar a
conocer mi opinión porque en realidad no estaba seguro sobre temas de genética.
Si había alguien con quien se podría hablar de ello era Natasha y no estaba
presente.
-¿Y si por tener como
padre a Agravar…?
Él retiró sus manos
apoyándolas en el escritorio y me miró con los ojos vidriosos.
-¡No! ¡Eso no! Su padre
no es Agravar. Ese vampiro la engendró. Su padre es el nuestroº.
-Yo… me refería a eso… a
la genética.
-Mentira, me niego a
creerlo. Los genes podrán intervenir en tu color de ojos, en tu estatura, en
tus dones, no en tu alma.
Respiré profundo y bajé
la vista.
-Sí, tienes razón.
-No me quiere –murmuró.
Su voz tembló de
impotencia, de rabia, de desilusión.
-¡Y no sé por qué!
Entiendo que tenemos un carácter de mierda los dos pero siempre busqué su
bienestar.
-Lo sé. No tienes que
decirlo.
-Cuando se graduó me
sentí orgulloso de ella. Tuve celos, sí. No puedo negarlo. Es que mi padre la
consentía tanto. A veces pensaba que ella estaba por encima de mí. Y no… Para
él los tres éramos sus hijos.
Nos miramos.
-Sí, los tres dije bien.
Porque nunca se animó a acercarse para no contradecir a Halldora… Él te amó y
hubiera dado la vida por ti.
Asentí con la cabeza.
-Me hubiera gustado tener
contacto con él. Era tan pequeño que no recuerdo nada cuando me visitaba.
-Y yo no puedo ayudarte.
Estaba muy lejos de conocer la verdad.
Ambos quedamos en
silencio por unos instantes con la vista fija en el escritorio, hasta que su
respiración agitada llamó mi atención.
-¿Qué ocurre? –pregunté
alarmado.
-Nada. Estoy agotado. Eso
es todo.
-Ve a dormir.
-No podré hacerlo. Tengo
en la mente a Scarlet. ¿Dónde habrá ido?
-Quizás Charles le haya
sonsacado algo.
-Quizás.
Charles.
Me apresuré tras Scarlet
hasta alcanzarla al cruzar los portones.
-¡Aguarda! ¿Cómo te irás?
No partas así, enojada con tu hermano.
Ella giró sin soltar las
maletas.
-No es mi hermano.
-¡Sí, lo es! La sangre es
un agregado en la familia pero no decide el término.
-No fastidies con
frasecitas de novela.
--No me faltes el
respeto. No me lo merezco.
Ella bajó la vista y
depositó las maletas en el césped.
-No es contigo Charles,
te quiero. No entiendes que no puedo permanecer en la mansión junto a
Sebastien.
-Estás siendo injusta, y
te equivocas. Si dañas a Sebastien también es conmigo.
-Entonces, nos
despediremos aquí.
Avancé hasta llegar muy
cerca de ella y mirarla a los ojos.
-Es que no puedo entender
tu terquedad con que mantienes esas ideas. ¿De dónde salieron?
-Siempre me llevé mal con
Sebastien, no sé qué te sorprende.
-Lo sé, pero ahora es
distinto. Vi el odio en tu mirada. Dime… ¿Por qué ese cambio?
-No tengo nada más que
agregar. Sólo que me di cuenta que no soy del palo de ustedes.
Arquee una ceja.
-¿Ah no? ¿Y eso quién lo
dice?
-Yo.
Negué lentamente con la
cabeza.
-No… Eso no puede salir
de tu corazón. Alguien está cambiándote. No eres la misma.
-Quizás nunca lo fui.
-¿Qué te han dicho?
Suspiró y bajó la vista.
Fueron segundos interminables en los que creí que se daría la vuelta y no
regresaría tan sólo por no enfrentar una respuesta.
-Me he enterado… Que
habría una posibilidad que mi padre no me habría abandonado sino echado. Por
eso no me volvió a verme.
Achiné los ojos.
-¿Los Huilliches te han
dicho eso?
-No importa quién.
¿Entiendes que hay cuestiones sin resolver y me gustaría saber la verdad por
mis propios medios? Ustedes siempre me la negarán llegado el caso.
-¿La verdad? La verdad es
lo que siempre te hemos dicho.
-¿Cuál? ¿La versión que
Agravar fue muerto por los lobos?
Suspiré.
-Scarlet eras muy
pequeña. No podíamos decirte que Agravar te abandonó.
-Mentiras al fin.
-Okay, reconozco que a
medida que creciste debimos hablar claro contigo pero sólo buscábamos no
lastimarte, ahora… Dime quienes envenenaron tu corazón.
-No te lo diré, Charles.
La observé como cogía las
maletas nuevamente.
-Caminaré hasta la parada
de autobús, sólo es un kilómetro. Estaré bien.
-Scarlet –la llamé
mientras la veía partir.
Ella se detuvo y me miró.
-No me dirás quién te ha
dicho semejante mentira pero juro como que me llamo Charles Solberg que daré
con ellos o con él. Y ten la seguridad que suplicará clemencia.
Scarlet.
Despuntaba un tardío
amanecer cuando salí de la casa de Grigorii. Cubriendo el turno nocturno, tuve
la buena noticia de boca de mi galán que Anne quería verme y me extrañaba. Al
salir del trabajo me dirigí a la pensión y después de abrazarnos y reinos por el
reencuentro, desayunamos y me mostró un dibujo que había hecho en mi ausencia.
El dibujo contaba con
unas montañas muy grandes pintadas de blanco y marrón y una joven de pie entre
ellas sonreía.
Me divirtió verme de
cabello largo castaño y dos colmillos con el logo “te quiero Scarlet”. Le dije
que lo guardara fuera de la carpeta que usaba siempre para dibujar y decidió
esconderlo discretamente entre sus ropas del ropero.
Me hizo bien estar con
Anne. Era un ser tan lleno de luz que transmitía paz con sólo verla. Comenté mi
viaje a Chile y el encuentro con un aquelarre llamado Huilliche. En realidad
ella sólo escuchó mi relato lleno de emoción y no emitió opinión ni siquiera
con un gesto.
Mi cabeza daba vueltas y
vueltas sobre este regreso de Agravar. ¿Por qué había regresado para verme si
no le interesaba? Él parecía hablar con cordura y no se asemejaba a un loco que
hacía cosas sin sentido. Cuando me miraba le brillaban los ojos de admiración…
Nunca Sebastien estuvo orgulloso de mí… Sí… Creo que cuando me gradué… También
me dijo “te quiero”.
Las lágrimas llenaron mis
ojos mientras caminaba hasta el hotel “La manada”, donde había dejado mis
maletas en una de las habitaciones.
Sebastien… Pensar que de
pequeña te seguía a todas partes, allá en la campiña donde me criaron hasta que
pude vivir en las cumbres. Cuando transcurrió el tiempo y él ya vivía con
humanos me encapriché con un par de pantuflas. Sebastien me las trajo y
bordadas con el león de los Craig.
Era una pena que el
matrimonio Huilliche no estuviera. Escuchar a Vilú no era garantía pero… ¿Qué
ganaba ella mintiendo absurdamente?
Si era verdad lo que
aseguraba Agravar eso explicaba porque Sebastien no me quería como su hermana.
No se trataba de sentir lástima por la niña abandonada, sino la decisión de
Adrien de tenerme para él aun teniendo mi verdadero padre que me amaba. Hasta
ese punto lo entendía. Le impusieron llamarme hermana. Es más creo que nunca me
había llamado así. Scarlet, siempre Scarlet…
Algo dentro de mí me
decía que la rabia contra Sebastien era un amor disfrazado en el fondo de mi
corazón. Aunque no nos llevábamos bien cada célula de mi cuerpo deseaba una
tregua y que un día cualquiera me hubiera dicho, “hermana”, con acento sincero
y cariñoso. Sin embargo no supe conseguir que me aceptara. Podía notarse
permanentemente. Él se comportaba indiferente y a mí más rabia me daba
alejándome más. Sin embargo lo entendía… No era su sangre.
-Sebastien –murmuré bajito
entre sollozos mientras mis pies comían baldosas al caminar por la acera-.
¡Cómo me hubiera gustado carecer de orgullo y rogarte que me quisiera mucho!
Decirte, “¿sabés qué? Soy tu hermana te guste o no te guste.” Y él contestara, “¡me
gusta Scarlet, me gusta que seas mi hermana!”
Crucé la calle apenas vi
la fachada del hotel. Había llegado ayer a la tarde con las maletas y había
alquilado una habitación cerca de Marin por quien sabe cuánto tiempo. No tenía
idea que sería de mi vida sin los Craig. Lo cierto que no podía regresar porque
era evidente que nadie se pondría en mi lugar. Todos y cada uno defenderían a
Sebastien sin importar lo que yo sintiera. Tampoco tenía una relación estrecha
con Agravar. Recién comenzaba a conocerlo. Si era verdad o no que me había
abandonado lo importante que había regresado por mí. ¿Por qué otra razón
regresaría?
Sin embargo no me sentía
junto a él contenida ni acompañada. Estaba sola… Sola completamente.
Cuando entré al hall del
hotel las lágrimas se habían secado por el aire frío de la mañana. Camile dio
un salto de la silla y entusiasmada saludó.
-¡Hola Scarlet!
Poco y nada la conocía a
la bella recepcionista y su naturaleza de lobo me hacía pensar que Marin le habría
hablado muy bien de mí. De lo contrario no tenía razón para saludar con ese
entusiasmo, ¿o sí?
-Hola Camile. ¿Marin ya
llegó del hospital?
-Sí, está durmiendo.
-Okay, hablaré con ella luego.
Gracias.
-¡Ah, Scarlet!
-¿Sí?
-¿Has visto a Douglas?
-Pues, sí. Ayer a la
tarde. ¿Por qué?
-No es que… Cuando lo
veas le dices que le envío un beso y que lo extraño.
¿Esta niña me veía cara
del mensajero de Romeo y Julieta?
-No creo que lo vuelva a
ver en mucho tiempo. Pero puedes decírselo a Marin, ella lo ve a menudo.
Guiñé un ojo y me miró
con los ojos grandes y la boca abierta.
Caminé por el hall hasta
la escalera y subí sin ningún cargo de conciencia. ¿A ver si al final era tan
mala como decían? No, se trataba de mi amiga Marin y aunque esos dos se pasaran
peleando tenía la esperanza que terminaran juntos. Así que la tal Camile
sobraba. Por su puesto ese lobo robusto y guapetón también.
Cuando subí la escalera y
caminé por el angosto pasillo la luz de la mañana se colaba por las persianas
del final del corredor. Era la única ventana ya que a los costados se
encontraban las numerosas puertas de las habitaciones. Me quedé inmóvil sin
poder creer lo que veía a unos cuantos metros de mí.
Marin estaba sentada en
el suelo y dormía apoyada en la puerta 18, la que había alquilado para vivir.
Me acerqué sigilosa y
despacio la miré. Dormía profundamente y hubiera sido una pena despertarla pero
sinceramente era una posición incómoda y no me quedaba otra si quería entrar.
-Oye Marin –dije en voz
baja.
-Uhmm… Douglas… Siiii…
Arquee una ceja y sonreí.
La sacudí despacio para
no asustarla.
Abrió los ojos y tardó
varios segundos en reaccionar.
-¡Scarlet!
-Sí soy yo –dije
sonriente con los brazos en jarro-. Lamento decepcionarte porque el cabrón que
te tiene enamorada no está aquí.
-¿De qué hablas?
–protestó poniéndose de pie.
Sacudió sus jeans en la
parte de su trasero y me miró frunciendo el ceño.
-¿Te parece que te hayas
ido de la mansión sin contarme nada? Rose me dijo por teléfono que te habías
ido. Me preocupé. Después Maggi, la recepcionista de la noche me dijo que habías
alquilado una habitación de forma permanente. ¿Te has peleado con los Craig?
-Para ser exactos con
Sebastien. Igual no quiero vivir allí nunca más.
-¿Pero mi prima? Ella y
tú son amigas.
-Oh… ¡Bianca! Estoy tan
enojada con él, Marin…
-¿Vas a contarme por qué?
-Sí… ¿A quién sino?
Aparte de Bianca y Anne eres mi gran amiga. Pero debes prometerme que no se lo
dirás a nadie. Mira que confío en ti.
-No te fallaré.
-¿Qué tal si pasamos a mi
habitación mientras arreglo mi ropa y zapatos en los estantes?
-Vale. Pero iré por dos
café o me dormiré de pie.
Sonreí.
-Okay, me parece buena
idea.
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Después de beber mi café
Coloqué las perchas en la barra lustrada del ropero para poder colgar las
camisas y el uniforme de policía. Marin masticaba lentamente una rosquilla de
miel y bebía café en silencio. Después que le había dicho todo lo acontecido
desde que me encontré por primera vez con Agravar se había quedado sin
palabras. Mejor así. La prefería muda como Anne antes de que saliera corriendo
a contarle a Bianca.
Sentí el “clic” del
pocillo de café contra el platillo y me giré para verla sentada en la alfombra.
-¿No dices nada?
-Es qué me he quedado de
piedra. Jamás pensé que ese vampiro vendría por ti después de tanto tiempo. Aun
así yo tomaría mis recaudos.
-Lo sé. Pero no tiene
sentido que me mienta, sería estúpido. Por eso me hace dudar en la historia
contada por los Craig.
-Hablas de los Craig como
si fueran extraños.
-Un poco lo son. Adrien
ya no vive.
-Sí, entiendo. Sin
embargo no me hago la idea de “los Craig” sin ti.
Sonreí.
-No creas, yo tampoco. Me
costará acostumbrarme.
Al decirlo el corazón se
me encogió…
-¿Por qué tienes que
separarte de ellos? Sí Agravar te quiere como dice bien hablar con Sebastien y
Lenya y contarles que necesita estar cerca de ti.
-No sé… Conociéndolo a Sebastien
no creo que lo escuche.
-Inténtalo. Dile a
Agravar que sería una buena opción. Sería genial que puedan congeniar todos
juntos.
Abandoné el par de botas
junto a la botinera y me senté en la cama cerca de Marin.
Negué con la cabeza.
-No… Porque piensa… Si
Adrien mintió y lo echó, ni Charles ni Sebastien ni nadie de los Craig
permitirá que se hable mal de él. Y en eso estoy de acuerdo. Los muertos no
pueden defenderse.
-Vale… Entonces, no sé
cómo lo solucionarás.
-Puedo vivir aquí un
tiempo y de paso conocer mejor a Agravar. Sebastien no me quiere cerca estoy
segura y…
-No lo creo
–interrumpió-. Cuando te mira lo hace con cariño.
-Marin, tú no sabes
distinguir una mirada de amistad, de odio, pasión, o de lujuria. Ya ves, sigues
empecinada en que Douglas no está enamorado de ti.
-¡Pero cómo voy a
asegurar tamaño disparate si se acuesta con la mitad de Kirkenes y eso es
porque la otra mitad son machos!
-No exageres. Si lo dices
por la tontita que está de recepcionista en este hotel, ni la cuentes.
-Calla, tú no has visto
los besos que le da en la puerta de este hotel cada vez que la trae en moto.
Parece que la está engullendo mientras le mete la lengua en la garganta. ¿Y sus
manos? ¡Es un pulpo!
-¿Eso dónde lo viste?
-Pues, cuando llego del
hospital.
-Ay Marin, lo hace a
propósito.
-También una mañana él le
sugirió subir a una habitación de aquí, ella dijo –puso voz aguda burlándose-,
“ay Douglas que cosas dices, si recién hemos estado en el Thon. ¿Quieres más?
¡Qué insaciable!”
Reí.
-¡Qué cretino son los
machos! Es más fácil hacerse el galán y dar celos que llegar de frente y decir
“te amo”. Por supuesto menos mi Grigorii.
-No, Douglas no me ama.
Soy poco para él.
-¡No digas eso!
-En cambio para Carl soy
su vida. Me lo dijo. Todo el tiempo que nos vemos me dice que me ama, que me
extraña durante el día… A veces me llama varias veces para saber si estoy bien.
Sonrió apenas.
-Tu sonrisa de felicidad
no me convence. Además no creas todo lo que dicen. Quizás no te llame porque te
extraña sino porque quiere controlarte.
-¿Por qué dices eso?
-Por una sencilla razón.
Es un lobo.
No me gusta nada de nada que Sacrlet se hubiera ido de la casa, se nota que la están envenenando y la tonta lo cree, puff es bien terca esta chica!!!....ahh ya casi se acaba el libro noooo, van muy buenas las cosas para que quede asi jeje, saluditos Lou y gracias!!!
ResponderEliminar¡Hola Lau! Es cierto es terca y rebelde y puede salirle caro. Sí, el libro ya está llegando a su fin con unos capis que no te imaginas. Espero que te gusten. Un besote enorme nena, y gracias.
EliminarUy voy a extrañar esta novela. Me da pena Scarlet ojala recapacite. Veamos que pasa Te mando un beso
ResponderEliminar¡Hola Judit! Esperemos que Scarlet recapacite. Quizás no tarde tanto en volver con los Craig. El cuarto libro es muuuy suculento. Besotes reina y buena semana para ti!
EliminarHola, Lou... Me hubiese gustado saber por qué discutían Numa y Rose ;-)
ResponderEliminarEspero que Sasha Gólubev se reconcilie con Mijail... es de necios que dos personas que se quieren estén separadas
Tal vez Carl y Camile debieran formar pareja... porque tengo claro que Douglas y Marin se quieren
Entiendo que Scarlet se marche de la mansión... está muy confundida y necesita aclarar sus ideas
También veo un poco culpable a Sebastien... nunca la ha llamado hermana, por ejemplo
Bueno, pues me encantará leer los últimos capítulos de este magnifico libro... y, por supuesto, leer el cuarto
Besos
¡Hola Mela! Creo que tu respuesta te la dará Numa en este capi. Y en cuanto a Sasha y Mijaíl veremos si te gusta el próximo capi porque de ello se trata. Lamento la tardanza en contestar los comentarios . Se me hizo imposible por el tiempo. Pronto estarás leyendo nuevas historias de los Craig que espero te gusten.
ResponderEliminarTe mando un besazo enorme y gracias cariño.
LOU, querida amiga, me gustó tu episodio,,,gracias,,,abrazos
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